Para Morena, opinar – como muchos lo han hecho públicamente – que sería bueno un acuerdo bilateral para combatir a los cárteles mexicanos con mayor eficacia, bajo la premisa de que el gobierno mexicano (el actual u otros) no podrán avanzar mucho en ello, equivale a una auténtica traición a la Patria, como si se estuviera invitando a Trump a invadirnos arbitrariamente por su lado y contra todo el país. Son cosas muy distintas, e incluso la propia Sheinbaum en más de una ocasión ha hablado de un posible acuerdo de acción conjunta (eso sería también, bajo esa lógica, una traición).
Desde luego, como parte de la retórica demagógica de Morena y su desconocimiento de la historia, comparan a quienes proponen ese acuerdo bilateral con los conservadores del siglo XIX que invitaron a Maximiliano como emperador. Pero incluso si fuera cierto que esos políticos, periodistas y analistas que han hecho esa propuesta estuvieran fomentando una invasión unilateral (lo que no es el caso), entonces la comparación habría que hacerse con los liberales –que varias veces invitaron a los norteamericanos a intervenir-, y no con los conservadores, que siempre fueron enemigos declarados del vecino del norte.
Por ejemplo, la historia oficial no menciona que Hidalgo buscó la intervención norteamericana para ayudar a conseguir la independencia. Un enviado de los insurgentes, Gutiérrez de Lara, pidió ayuda directamente pero Estados Unidos pidió a cambio demasiado. Sin embargo, De Lara emprendió el reclutamiento de aventureros norteamericanos, y ya reunido un grupo importante de ellos, organizó un “Ejército Republicano del Norte” que incursionó en territorio texano para abrir un nuevo frente contra los realistas, aunque no con mucho éxito. Lorenzo de Zavala, destacado liberal, se fue a Texas a luchar por su independencia y fue su primer vicepresidente.
Y al triunfar James Polk en su invasión a México en 1848, el ayuntamiento de la ciudad de México invitó a los jefes militares norteamericanos a una comida en el Desierto de los Leones. Ahí, uno de los notables mexicanos – Miguel Lerdo de Tejada – ofreció a Scott la presidencia de México (y el propio don Miguel, años más tarde, propuso al presidente Ignacio Comonfort que México se convirtiera en un protectorado norteamericano). Varios liberales solicitaron a generales y enviados norteamericanos que, ya vencido México, se quedaran con todo el país y no sólo con una parte (pues creían que sólo así habría democracia en este territorio).
Y durante la guerra de Reforma, los norteamericanos propusieron el Tratado McLane- Ocampo (que aún no se llamaba así) al presidente conservador Félix Zuluoaga, quien lo rechazó tajantemente. Entonces Estados Unidos volteó al otro presidente, Benito Juárez, quien dio su beneplácito a ese tratado (que por fortuna fue rechazado por el Senado de EEUU). En él se permitía el libre tránsito de los norteamericanos por la frontera y el Itsmo de Tehuantepec). Y Juárez se basó en él para solicitar a los norteamericanos que detuvieran a dos fragatas conservadoras que harían una pinza en Veracruz junto con la tropas de Miguel Miramón por tierra. Así lo hicieron los norteamericanos y eso inclinó la balanza a favor de los liberales. Pero, reconociendo que legalmente no podían hacerlo, los estadounidenses acusaron falsamente de piratería a esos barcos (y fueron liberados después por un juez en EEUU, pero la derrota conservadora ya era irreversible). Un senador norteamericano, apellidado Sumner, preguntó enérgicamente a su gobierno con qué derecho había ordenado la captura de buques de guerra en aguas mexicanas
Juárez celebró dicha intervención, y escribió a su yerno: “El triunfo de la sagrada causa que defendemos está asegurado. Un gran pueblo (EEUU) ha hecho alianza con nosotros… Siento que la gran familia liberal no haya podido sola, sin auxilio del extranjero, pulverizar a la reacción… si los vapores norteamericanos no capturan a los buques (conservadores) la plaza (Veracruz) se rinde y la nefasta reacción triunfa indefectiblemente… el hecho será inolvidable para la República Mexicana y en el corazón de los demócratas (mexicanos), el nombre de Turner y de los suyos vivirá eternamente”.
Así pues, no es con los conservadores con quienes Morena debe comparar a los supuestos promotores de otra invasión norteamericana a México, sino con los liberales, de quienes se consideran herederos ideológicos.

