La maldición democrática de Sócrates

Sócrates fue un maestro que muchos consideran espiritual, no sólo un filósofo, pues muchas de sus enseñanzas apuntan a la sanación psico-emocional, como es el caso de muchas tradiciones religiosas (incluyendo al cristianismo cuando es bien interpretado).

Pero también expresó sus teorías políticas. Sabemos que la idea esencial de la democracia surgió de la Grecia clásica, y varios pensadores reflexionaron sobre ella.

Aunque coincidía con otros en que la democracia, con sus equilibrios y contrapesos, era la mejor forma de prevenir y limitar los abusos de poder (que la mayoría de hombres muestra como tendencia), al mismo tiempo veía un gran peligro para la sociedad que podría surgir de esa organización: la demagogia.

La demagogia, en su significado original, es un régimen de poder concentrado en un líder (caudillo, dictador o tirano) que sin embargo llegó al poder por un proceso democrático, y después fue desmantelándolo con la supuesta voluntad popular.

El problema que veía Sócrates de la democracia (además, en ese tiempo era directa para decidir muchos temas públicos), era que se dejaban decisiones importantes en gente que no sabía de ellos, por lo cual su votación podría surgir más de ideologías, deseos o engaños (de los demagogos), que de la información y la racionalidad. Algo así como 90 % de lealtad (al demagogo) y 10 % de conocimiento y preparación.

Se podría aquí parafrasear una idea de Marx pero aplilcada a la democracia: “Lleva en su seno la semilla de su propia destrucción”.

Y aunque en la democracia moderna de los Estados Nacionales, la democracia restringió la toma directa de decisiones por el tamaño de la población, y la adaptó a su formato representativo (los ciudadanos eligen a quienes tomarán las decisiones públicas), de cualquier manera el riesgo demagógico permaneció: la aparición y empoderamiento de demagogos carismáticos, hábiles, mentirosos, cínicos y aduladores del pueblo, pero que no tienen la menor vocación democrática (sino lo contrario), y frecuentemente no toman decisiones con racionalidad técnica, sino por beneficios políticos, causando graves daños a la sociedad.

¿Cuántas veces hemos visto eso en la historia? Demasiadas, y seguimos en eso. Muy frecuentemente, cuando con gran dificultad se ha logrado construir una democracia más o menos funcional, aparece uno de estos demagogos que seduce a las masas desinformadas y muchas veces resentidas (con o sin razón), que llevan al autócrata potencial al poder e incluso lo respaldan en su destrucción de la democracia.

Y ya con todo el poder, suele tomar decisiones que aparentemente serán benéficas e incluso idílicas para su país (la gloria romana de Mussolini, el milenio de Hitler, la Nueva Argentina de Perón, la República Bolivariana de Chávez, el MACA de Trump y, desde luego, la 4ª Transformación de López Obrador, entre muchas otras).

Ocurrió también con Viktor Orban en Hungría. Tras la caída del comunismo soviético, varios países del bloque occidental buscaron la democracia, que en su mayoría fue efímera, y dieron lugar al regreso autoritario (aunque ya no comunista) muchas veces en un personaje proveniente del antiguo régimen (como Putin), y otras, con uno del polo contrario (como Orban).

Esos neopopulismos autoritarios no duran para siempre, y suelen ser más breves si llegaron por vía democrática que a través de una revolución social.

Su demagógico manejo del país y sus decisiones ideológicas e ineficientes, suelen dañar gravemente al país, al grado en el cual la mayoría de electores se vuelve en su contra.

Pero la remoción del demagogo no es tan sencilla pues ya cuenta con el control de la mayoría de las instituciones políticas.

A veces eso exige un cierto grado de violencia, mucha movilización ciudadana o incluso algúna intervención externa.

Hay muchas similitudes en el caso húngaro con el México obradorista (aunque también diferencias importantes). Y podemos suponer que en algún futuro Morena también será removido del poder, pero lo que no queda claro es cuánto tiempo llevará eso, cómo sera dicha liberación y cómo quedará el país cuando eso suceda.

Lo que sí está claro es que el obradorismo continúa por el camino de la demagogia autoritaria e ineficiente que nos adelantó Sócrates y otros pensadores de la Grecia clásica.

Eso, pese a que nuestro país será el año que viene sede de la “Cumbre en Defensa de la Democracia”, que no incluye a la gran mayoría de las democracias. Vaya surrealismo.

Autor

Scroll al inicio