Seguramente la señora Mercedes Turcott recuerda cómo se rompió mi corazón cuando a los siete años más o menos le pregunté “si los Reyes Magos eran los papás”; caminábamos por una de las calles del centro de la Ciudad de México (casi frente a la Farmacia París, jamás lo olvidaré) y luego de más rodeos que los de AMLO para responder a las preguntas que le hacen, respondió que sí, “los Reyes Magos son los papás” (aunque ella no culpó a ninguna mafia del poder por el engaño). Creo que desde entonces se me hizo el corazón duro y por ello es que, sin que medie pregunta ni yo enfrente el tema con rodeos, aseguro que Frida, o sea, la perrita rescatista –no la niñita inventada– carece de buen o mal corazón, no tiene buena voluntad ni nada de eso para salvar a las personas que se encuentran entre los escombros; por favor disculpen ustedes pero la peluda no entiende que ayuda ni lo hace por amor, simple y llanamente fue adiestrada para hacer lo que hace y, entonces, habrá que reconocer a sus entrenadores por su gran trabajo y bueno, ellos son humanos, aunque sean anónimos, son humanos con o sin bonitos sentimientos, eso no lo sé, pero eso sí, muy profesionales. Si al leer esto andan por una farmacia pueden pedir algo para los nervios, si la cosa no es para tanto unos pañuelos desechables para las lágrimas y si no encuentran consuelo ahí está el bonito poema de ya saben ustedes quien. Pero como sea, la Frida de gran corazón tampoco existe, ¿estamos?.

