Dos terremotos y más de 4.400 réplicas en menos de un mes, que han causado centenares de muertes, además de dos huracanes, han impactado también contra la industria turística mexicana, una de las más boyantes del país (que representa casi el 9 % del PIB y da trabajo a nueve millones de personas). Los hoteles de Ciudad de México, sobre todo, están viendo día a día un goteo constante de cancelaciones o de huéspedes que se marchan, en especial en las colonias de Roma y Condesa, dos de los barrios más antiguos y más trendy de la capital, zona cero de la hecatombe, donde los escombros y los edificios derrumbados han sustituido al paisaje habitual de cafés, galerías de arte, bares y tiendas llenas de extranjeros y mexicanos.
“A partir del terremoto y de los días siguientes hemos tenido un 70% de cancelaciones”, dice Homero Nava, propietario del hotel Villa Condesa, un local boutique en la calle Colima, de pocas habitaciones y situado en un palacete restaurado con esmero que no sufrió ningún daño durante el seísmo y que se transformó en un auténtico oasis de tranquilidad en aquella noche de pesadilla para miles de chilangos. “Es un 30% menos que el año pasado. Queremos pensar que se va a recuperar cuando pase el impacto mediático. De hecho, estamos recibiendo muchos mensajes de apoyo desde todo el mundo y les decimos que la mejor forma de apoyar es venir”, asegura.
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