Según Charles Lutwidge Dodgson, el cuerpo humano puede disfrutarse sin sentimiento de culpa, incluso el cuerpo de niñas y nínfulas que para él implicaban la belleza y la perfección moral, por ello buena parte de sus fotografías retratan esa sensualidad según el artista quien también fue escritor, usó el seudónimo “Lewis Carrol” y es autor de Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo. Dodgson captó al menos seis desnudos de niñas y no pocos historiadores afirman que tuvo fuertes inclinaciones por la pedofilia y otros afirman que no. Más allá de la polémica creo que ambos libros son imprescindibles, y que ninguna ideología políticamente correcta tiene soporte intelectual, ético y moral para censurarlo. Su lectura en ningún modo convalida el trabajo de sir Charles como fotógrafo o incluso pedófilo.

En 1955 una editorial francesa publicó Lolita del escritor ruso naturalizado estadounidense Vladimir Nabokov; la obra es un referente literario universal, de ahí que el tema sea conocido ampliamente y que incluso el término Lolita aluda a las niñas pubescentes que para algunos viejos son atractivas, es el caso de Humbert Humbert, un profesor de literatura francesa obsesionado por Lo. En su momento la obra fue considerada como pornográfica (también por el sello francés que la publicó que hacía negocio con la pornografía) pero en otros sectores fue asumida como una obra maestra (basada en el secuestro de Florence Sally Horner, de 11 años, por el pederasta Frank La Salle; Florence murió en un accidente en Estados Unidos y La Salle recibió una condena de cárcel de 30 a 35 años en San José California ). También es conocido que, en 1962, Lolita fue llevado a la pantalla por el gran cineasta Stanley Kubrick (incluso Nabokov participó en la adaptación) y en 1997 por Adrian Lyne (con una estupenda actuación de Jeremy Irons). ¿Vamos a dejar de leer el libro (o a quemarlo) y a desechar esas obras cinematográficas sobre la base de considerar que “normalizan la violencia” o cosas por el estilo? Sostengo que no: un asunto es condenar la pedofilia y otro es suprimir creaciones literarias y cinematográficas de gran calado como las antedichicas.

