La inmortalidad del PRI (vía AMLO & Anaya)

El desprestigio del PRI es legendario; lo mismo sirve para explicar el empinado camino del ciudadano Meade, que para creer que AMLO camina hacia Palacio Nacional o para entender por qué Anaya avanza inercialmente hacia el puntero; el primero por contagio, el segundo por crónico y el tercero por vivo.

Siete de cada 10 ciudadanos afirman que jamás votarán por el PRI. La corrupción entendida como un siste- ma de vida que fluye a través de complicidades impunes destruyó el ánimo social, nos puso de malas y ante las urnas, muchos se aprestan a cobrársela a ese poder político que ni escucha ni ve, y menos vela por Juan Pueblo.

La mala para los progresistas de rancia cuña y para los posmodernos millennials, es que las peores prácticas de ese PRI que tanto aborrecen fueron clonadas en Morena y en el frente PAN- PRD-MC, garantizando que el corporativismo sindical, la complicidad la lógica de “cuotas y cuates” para ganar, y posteriormente robar, se perpetúen.

Una ironía transexenal, un resulta- do histórico de antología, una nueva mitología azteca que honra a sus dei- dades en las redes sociales, ha nacido; el PRI no puede morir… sus detractores lo han inmortalizado.

La buena noticia para los políticos de cepa, grillos, lo mismo intelectuales, académicos, que sindicalistas de mala nota, líderes regionales que sin molestos reflectores viven del erario y heredan posiciones en aras de una vocación de servicio que nadie cree; es que en el arca de Morena y en la nave de Anaya tienen asegurados espacios amplios para seguir con lo suyo.

Las listas de nominados plurinominales al Senado es la primera transfusión de ADN priista a los que se creen el futuro político de este país; la segunda vendrá con las de diputados, mientras que las candidaturas a gubernaturas y municipios relevantes garantizarán que los órganos vitales de la mecánica nacional funcionen sin riesgo de colapso.

Los nombres son sólo las formas; el fondo es que AMLO y Anaya practican la política a lo PRI, al estilo del partido que los indigna de tan podrido, pero sin cuya lógica y prácticas imitadas no estarían ahí, donde reparten, ordenan y crean las condiciones necesarias, las que les funcionan en la batalla por el poder; por un poder que no lleva apellido ni membrete; poder y dinero que requieren de imágenes y mitos, frescos o añejos.

Las tropas virtuales defenderán sin empacho a los impresentables que sus comandantes han decidido purificar, convertir y usar. Los electores harían bien en contrastar las palabras de sus favoritos con sus hechos, la sociedad informada podría debatir y presionar para que Meade, AMLO, Anaya, más los independientes por llegar, sean claros y directos en sus posicionamientos, en sus fines y medios.

Sería sano, pero no será. Hoy, como ayer, los mesías tropicales, trilingües o digitales avanzan entre porras, sombrerazos y tuitazos.


Este artículo fue publicado en La Razón el 20 de febrero de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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