Desde hace ya algunos años ha quedado demostrado que en el mundo y, especialmente, en nuestro país, las coaliciones electorales resultan indispensables para ganar los comicios, y también resulta concluyente que los gobiernos de coalición son necesarios para garantizar gobernabilidad democrática y eficiencia en la administración pública. Los llaneros solititos, es decir, políticos arrogantes que se suponen omnipotentes y asumen que, aun solos, todo lo pueden, están pasando a la historia. Cuando, circunstancialmente, alguno de ellos gana una elección (Trump, por ejemplo), irremediablemente fracasarán en el ejercicio del gobierno.
Las alianzas electorales son ya un elemento indispensable en las estrategias de los partidos que acceden al poder o que influyen en él. Lo hemos visto durante dos décadas en América Latina y en otras regiones del mundo, y si ejemplos faltaran para confirmar esta hipótesis, ahora lo podemos ver de manera diáfana en los comicios celebrados el domingo pasado en el Estado de México, en Veracruz, en Nayarit y en Coahuila.
Es verdad que el régimen priista y el sistema presidencial se encuentran en tremenda crisis de credibilidad frente a un gran sector de la ciudadanía, pero la existencia de dicha crisis no es suficiente para derrotarle en las elecciones, expulsarle del poder y terminar con su hegemonía cultural. En sentido diferente, para que los gobiernos de alternancia culminen en un nuevo régimen político, democrático, social y de derecho, se requiere —más que juicios inquisidores y arengas puritanas— una fuerza política tan grande y poderosa que sólo se puede propiciar desde las alianzas electorales de la mayor amplitud, y son aquellas que se construyan sobre la base de programas de gobierno con básicos principios democráticos y de justicia, los cuales permitirían la materialización de planes pragmáticos para una eficiente administración pública, la que debe dar prioridad a los problemas más sensibles para la gente, es decir: el autoritarismo, los abusos, la corrupción, impunidad, inseguridad, pobreza y desigualdad.
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