El galimatías de la SEP

“90% de lealtad, 10% de capacidad”: Andrés Manuel López Obrador.

Bajo las métricas impuestas por la autodenominada Cuarta Transformación, no cabe duda de que Mario Delgado cumple con el perfil idóneo para encabezar una secretaría de Estado en un gobierno morenista. Su lealtad hacia su amo en turno (Ebrard, López, Sheinbaum) resulta evidente, transitando con frecuencia entre el servilismo y la abyección. No obstante, su capacidad también es manifiesta: una aptitud innegable para la gestión de intereses cuestionables, robar y corromper.

Es imperativo recordar que fue él quien operó el manejo financiero de la malograda Línea 12 bajo la tutela de Ebrard, así como su rol en la recaudación de recursos como presidente de Morena —vínculos que, ya sea por el “huachicol” o financiamientos opacos, lo perfilan como un candidato sólido para enfrentar la justicia internacional—.

Sin embargo, el propósito de estas líneas no es profundizar en el historial de este personaje, sino en sus más recientes (y esperemos que últimas) actuaciones. De forma intempestiva, se anunció que el calendario escolar de la SEP se reduciría cinco semanas debido a la “ola de calor” y la celebración del Mundial. Nadie dio crédito a que tales pretextos justificaran una medida de tal magnitud. Analicemos los puntos:

El absurdo climático

Suspender clases a nivel nacional en educación básica y media superior por “el calor” es un despropósito logístico. Las condiciones climáticas en Tabasco o Sonora son diametralmente opuestas a las de Puebla o Zacatecas. Particularmente en la Ciudad de México, los fenómenos de calor extremo suelen disiparse en junio con la llegada de las lluvias de mayo. Históricamente, la cuestión climática nunca ha sido una prioridad para la SEP; ante inviernos crudos, las autoridades apenas se limitan a retrasar el horario de entrada. Resulta irónico que se use el clima como excusa mientras situaciones de inseguridad crítica, como las que vive Culiacán, no parecen ser motivo suficiente para una suspensión oficial.

El pretexto deportivo

Si la razón climática es endeble, la justificación del Mundial es patética. De los casi 2,500 municipios que quedarían sin clases, solo tres albergarán partidos. México será sede de apenas 13 encuentros (5 en CDMX, 4 en Guadalajara y 4 en Monterrey), de los cuales 11 ocurrirán fuera del horario escolar.

Ante el rechazo generalizado de maestros, sindicatos (SNTE y CNTE) y padres de familia, el secretario intentó rectificar el 11 de mayo con argumentos que, aunque basados en realidades, resultan insultantes para la inteligencia académica:

  1. Cantidad no es calidad: Si bien México contempla 185 días de clase y supera el promedio de horas lectivas de la OCDE, países como Japón, Alemania o Finlandia demuestran que menos horas de enseñanza pueden derivar en mejores resultados. Sin embargo, en México no se está transitando hacia la eficiencia, sino hacia el abandono de la responsabilidad educativa.
  2. El “mes de la guardería”: Es un hecho lamentable que el último mes del ciclo escolar se convierta en un periodo burocrático. Al cerrarse las evaluaciones 30 días antes para procesar boletas, las escuelas se transforman en estancias donde los docentes deben improvisar actividades para entretener a los alumnos. En este lapso, el sistema se debilita: no existen sanciones, no se evalúa la conducta y el docente pierde autoridad frente a un alumnado que sabe que no habrá consecuencias por sus actos.

Factores de erosión educativa

Finalmente, es necesario señalar otros elementos que vulneran la calidad de la enseñanza en el país:

La Nueva Escuela Mexicana: Textos ideologizados que reducen las matemáticas a menos de 20 páginas por ciclo, plagados de errores conceptuales y sesgos políticos.

La interpretación laxa de derechos: Una aplicación deficiente del derecho a la educación que ha derivado en la eliminación de la asistencia mínima y de las calificaciones reprobatorias. Esto envía un mensaje devastador al alumno: el esfuerzo no es necesario para avanzar.

Políticas de subsidio vs. mérito: El otorgamiento de becas por el simple hecho de existir, desvinculadas del desempeño académico, sumado a una infraestructura escolar insuficiente y, en muchos casos, peligrosa.

Como es evidente, la educación en México requiere una intervención profunda y presupuesto real. No obstante, el Ejecutivo prefiere desviar recursos hacia megaproyectos de dudosa utilidad (AIFA, Dos Bocas, Tren Maya, Interoceánico, coches eléctricos, etc.). Al final, el gobierno parece cumplir con el objetivo político delineado por su líder en Palenque: ayudar a los sectores más vulnerables no por filantropía, sino como una estrategia de blindaje electoral. “Ayudando a los pobres va uno a la segura, porque ya sabe que cuando se necesite defender, en este caso la transformación, se cuenta con el apoyo de ellos. No así con sectores de clase media, ni con los de arriba, ni con los medios, ni con la intelectualidad. Entonces, no es un asunto personal, es un asunto de estrategia política”.

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