Hace tres años hubo en México un escándalo enorme, también suscitado por la difusión de una grabación hecha de manera ilegal.
El 23 de junio desde las redes sociales se propaló la conversación telefónica de una diputada federal del PRD que planeaba hacer negocios con la ley de telecomunicaciones y, en particular, con la norma secundaria en la que ella participaba; por el brutal contenido de ese material, el cinismo, el conflicto de interés, la legisladora debió excusarse de participar en los debates de la Cámara de Diputados no sin antes decir, así como ustedes lo leen, que ella buscaba aprovecharse de la ley secundaria para impulsar la telefonía en México, para luchar contra los monopolios.

Todos los medios de comunicación difundieron el audio. También la revista etcétera, en una decisión difícil de la que yo soy el responsable (y que hoy la volvería a tomar). Primero consideré que esa decisión debía ser expuesta a los lectores: escribí un texto para decir que ese tipo de materiales no deberían existir pero que ahí estaba y mostraba contundente a una diputada que se abrió paso para enfrentar a los monopolios como "una vulgar mercader". La revista etcétera es una publicación especializada en el análisis de los medios y las telecomunicaciones y ahí había un material que, de todos modos, estaba siendo difundido por todos los medios. Lo analizamos en etcétera, no había transgresión a la vida íntima sino la constatación palmaria de un acto indebido contra el interés del país, para mí esto último es más relevante que la ilegal intervención e ilegal también difusión, y por ello etcétera se sumó a la demanda de que Carpinteyro se excusara y eso ocurrió.
Por situaciones como ésas estoy convencido de que los medios nos hemos aprovechado de materiales producto del espionaje, lo hizo también etcétera aunque la revista misma fuera el único medio en señalar que es indebida la intervención de esas conversaciones. Para decirlo de otro modo (con excepción de la revista que dirijo y aun con los errores que ha cometido) los medios no dicen nada cuando espían a personajes públicos pero varios de ellos junto con otros periodistas y ONG se indignan cuando el atropello es contra ellos, como si fuéramos ciudadanos de excepción. Algunos de esos medios y periodistas aprovechan el reportaje del The New York Times para, constituidos en tribunal, decretar culpables. Nosotros simple y llanamente decimos que debe investigarse porque el espionaje es una práctica que no solo llevan a cabo unos u otros actores políticos.
Marco Levario Turcott
*Foto: Rodolfo Angulo/Cuartoscuro
