Recomendamos: Líderes eternos, por Gil Gamés

Gil ha notado que los diversos guiones de la vida pública se repiten una, mil veces. Los desfiles del Día del Trabajo hunden a Gilga en una crisis de tedio sin precedentes en la historia del spleen, ese estado sublevado de la melancolía. Allá van las marchas, una parte del Ángel de la Independencia y termina en el Hemiciclo a Juárez. Otras marchas avanzan hacia el Zócalo. Pasan lista el Sindicato Nacional de Trabajadores, el Sindicato de Telefonistas, la Asociación Sindical de Pilotos, los ferrocarrileros, el Sutin (gran palabra), el Sindicato de la Universidad Iberoamericana y un largo en fon se manifiestan para exigir respeto a sus derechos laborales y una mejora a las condiciones de trabajo. Gamés ha caído en cuenta que hace falta una asociación de gilgameses en defensa de sus salarios.


Luchadores


No lo menos interesante del Día del Trabajo es observar a los líderes sindicales. Gil lo leyó en su periódico El Universal, en una nota de Alejandra Canchola. Hernández Juárez ha visto pasar gran parte de su vida al frente del Sindicato de Telefonistas. Siete presidentes han pasado ante los gastados ojos de este defensor de los trabajadores. Joel Ayala, de la Federación de Sindicatos al Servicio del Estado, lleva al frente de esta organización 20 años. Víctor Flores ha guiado con mano firme a los ferrocarrileros desde el año de 1995. Martín Esparza, viejo cliente de esta página del directorio, se ha reelegido desde 2005 en la cúspide del Sindicato Mexicano de Electricistas. ¿Y qué decir de Fernando Espino, al frente de los trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo Metro? Espino llegó en el año de 1973, cuando Gil era un joven de 16 años. A todos los inspira Fidel Velázquez, un líder que duró hasta 40 años al frente de la CTM (cápsula informativa para menores de 25 años). Somos muy raros: los defensores de la clase obrera, que regresa del paraíso, se aferran con uñas y dientes al cargo una vez que llegan a lo alto del escalafón sindical, no los baja de ahí ni el heroico cuerpo de bomberos. El compromiso democrático no es algo que les preocupe, más bien les estorba. Dinero desviado, corrupción, canonjías, privilegios son sinónimos de esas organizaciones que marcharon ayer por las calles del Centro. ¿Habrá alguien que les crea? Al parecer conviene a todo el sistema político (ah, qué bien se siente escribir “sistema político”) que estas organizaciones sindicales se petrifiquen hasta el fin de los tiempos.


Más información en: www.milenio.com

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