Con el testimonio de 63 periodistas nacionales y extranjeros con ejercicio en Caracas, Marisela Castillo Apitz y Daniel Palacios Ybarra cuentan el cierre o la compra de medios y el ataque y el exilio forzado de decenas de periodistas, en busca de una hegemonía comunicacional del Gobierno
A partir de los relatos de 63 periodistas, locales y extranjeros, en ejercicio en Venezuela, Cuando los medios son noticia recorre la relación de Hugo Chávez con los medios de comunicación desde el primer intento de golpe, fallido, que dio en 1992 hasta su muerte, reelegido presidente del país, en 2013. Es una historia en la cual se repiten las generalidades de la prensa como actor político global, donde los intereses del poder se cruzan de diferentes maneras, y también una singular de cooptación, intimidación, censura, compra y, por fin, destrucción casi total.
“Un líder mediático que no pudo con los periodistas”, definió a Chávez una de las entrevistadas por Marisela Castillo Apitz y Daniel Palacios Ybarra. “Con su fallecimiento —siguieron los autores —se acababa un capítulo oscuro de la historia venezolana marcada por represión, censura y falta de libertades. Fue así como en medio de todo este contexto, los periodistas y medios de comunicación fueron noticia y cada vez fue más común leer titulares, reseñas y entrevistas que describían cómo iban siendo víctimas del cerco mediático, exilio, atentados, agresiones físicas y verbales”.
El libro describe algunos de los casos más notorios, como los de Radio Caracas Televisión (RCTV) y Globovisión, 32 radios cerradas y periódicos como El Nacional, además de periodistas como Marta Colomina, Patricia Poleo o Vladimir Villegas. También registra cuestiones colectivas, como que en 2011 se registraron 224 denuncias sobre violaciones a la libertad de expresión, 16% más que el año anterior, una tendencia constante. En promedio, desde 2002, hubo 201 casos por año.
“Durante todos estos años decenas de periodistas resultaron heridos, otros perdieron sus puestos de trabajo por resistirse a doblegarse y otra parte tuvo que irse al exilio al ser acusados de delitos que no cometieron y hasta sus propiedades fueron arrebatadas”, describieron Castillo y Palacios. Recordaron las condenas a tres casi cuatro años de prisión de Francisco Pérez y a dos años y medio de Gustavo Azócar y también las agresiones a corresponsales internacionales como Johanna Álvarez y Cristian Dubó.
Aunque no se adentra en los tiempos de Nicolás Maduro, el libro los expone como “un legado que perdura”, y lo sintetiza: “La confrontación, un país polarizado y reducido en la pobreza. Pero sobre todo con la libertad de expresión herida de muerte”.
Maduro tardó poco en “perfeccionar su hegemonía comunicacional con la compra de la Cadena Capriles, El Universal, Notitarde y Globovisión, y la neutralización de otros medios que aún sobreviven pero que no son ni la sombra de lo que eran”. Un nuevo ecosistema de medios garantiza el predominio de la voz oficial al tiempo que otros como El Nacional, El Siglo, TalCual y RCR sobreviven “sin arrodillarse ante las presiones”, aunque muchos de ellos “reducidos a sus páginas web”.
“En el régimen de Nicolás Maduro fueron sacadas del aire las señales Todo Noticias, de Argentina; CNN, de Estados Unidos; Caracol Televisión, El Tiempo TV, RCN y NTN24, de Colombia; y [se realizó] el bloqueo al medio digital Infobae, de Argentina”, agregaron.
En el prólogo, Víctor Amaya señaló un día clave en la historia de censura y violencia: el 27 de junio de 2001, Día del Periodista en Venezuela, cuando Chávez entregó el premio nacional a la profesión y advirtió: “No hay ningún ámbito que no sea impactado cuando ocurren estos movimientos estructurales de transformación”. Pocos días antes había dicho que entre la prensa y el poder habían “un histórico choque de fuerzas”. Y en octubre diría que los medios eran “enemigos de la revolución”.
El 4 de febrero de 1992, en el fallido intento de derrocar a Carlos Andrés Pérez, se produjo “el primer momento de magnetismo entre Chávez y las cámaras”, describieron Castillo y Palacios. Desde entonces, agregaron, los venezolanos han discutido “si fue correcto o no mostrarle al país el rostro del golpista”. Según uno de los entrevistados, el dramaturgo Alberto Barrera Tyszka, coautor del libro Hugo Chávez sin uniforme, “la prensa hizo su trabajo”. Y también el militar con ambiciones políticas, que “dio el golpe invocando a [Simón] Bolívar […] y dentro de la mitología nacional le dio una legitimidad entre comillas”.
Más información: https://bit.ly/2PdYDzD

