Un siglo después de posarse en el fondo del mar, el Titanic sigue generando todo tipo de teorías de la conspiración. Pero una serie de documentos militares desclasificados confirman los detalles de una conspiración muy real: la de su hallazgo como parte incidental de una misión encubierta de la Guerra Fría.
En septiembre de 1985, el oceanógrafo y comandante de la Armada de Estados Unidos Robert Ballard sorprendió al mundo entero al encontrar los restos del RMS Titanic. El que había sido el barco más grande jamás construido descansaba a 3800 metros de profundidad bajo las frías aguas del Atlántico Norte.
Aunque el Titanic había sido buscado por cazadores de tesoros y expertos en salvamento —siempre arropados por una gran publicidad y enormes inversiones económicas—, fue un grupo de científicos a bordo del buque Knorr de la Armada estadounidense el que finalmente encontró el barco.
¿Por qué financió la Armada el hallazgo del Titanic? Ballard, el líder de la expedición, guardó silencio durante décadas. Pero, cuando el secreto de guerra quedó expuesto en documentos desclasificados, contó la verdad.
De la tragedia al fracaso de los cazatesoros
El Titanic era un palacio flotante con gimnasio, piscina, biblioteca, restaurantes y camarotes de lujo para los viajeros de primera clase. Se hundió durante la noche del 14 al 15 de abril de 1912 en su viaje inaugural de Southampton a Nueva York. Murieron 1514 personas de las 2223 que iban a bordo, entre ellas algunos de los hombres más ricos del mundo y cientos de inmigrantes irlandeses, británicos y escandinavos que iban a Norteamérica en busca de una mejor vida.
El barco contaba con tecnología de seguridad puntera en el casco, pero el choque contra un iceberg abrió una brecha de diez metros en el lado de estribor. Los compartimientos estancos de proa empezaron a inundarse y el agua se derramó por encima de los mamparos herméticos, que no llegaban más arriba de la cubierta E. A medida que la proa se hundía en el mar, la popa se fue levantando hasta que su peso partió el barco en dos. En poco más de dos horas, el Titanic se hundió.
Debido a las normas de seguridad obsoletas de la época, el Titanic solo llevaba botes salvavidas para evacuar a 1178 pasajeros. La mayoría de los supervivientes fueron mujeres y niños, especialmente de primera y segunda clase. Entre los hombres que murieron aquella noche se encontraban el constructor y financiero John Jacob Astor IV, el empresario industrial Benjamin Guggenheim, el ferroviario Charles Haysy y el copropietario de Macy’s Isidor Straus.
Se decía que el Titanic estaba lleno de dinero y joyas, entre ellas un diamante valorado en siete millones de dólares de la época, por lo que no es casualidad que los cazadores de tesoros urdieran planes elaborados para reflotar sus restos. Se organizaron al menos cuatro expediciones. Incluso The Walt Disney Company realizó un estudio de $70.000 para una posible búsqueda del barco hundido.
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