No me gusta el triunfo de Chivas, o sea, me enoja escribir que otra vez este equipo memorable es campeón una vez más, y uno de los dos que más coronas ha obtenido. No me gusta la carrilla que echarán, y menos sus formas, la mayoría de los aficionados del rebaño que se sienten los mexicanos sobre los otros que no lo somos o los buenos de la película que siempre requiere de malos. Le voy al América y juegue contra quien juegue Chivas le voy a ese equipo. Entonces, en medio de todo esto hay algo que me gusta: la alegría de millones de personas que miran ganar a su equipo, las Chivas Rayadas del Guadalajara; me refiero a los que han estado con ellos hoy y ayer también, cuando las cosas no se daban. Festejo su alegría pero no comparto su origen. Me duele no mirar a mi equipo crema levantar la copa una vez más, como el gran equipo que es, pero me alegra el pundonor de los jugadores rayados y la inteligencia y humildad de su entrenador. Por ese estallido de alegría que hoy no es el mío, felicito a todas las Chivas Rayadas del Guadalajara, al rebaño sagrado como uno de los grandes equipos del campeonato del futbol mexicano.
