
Breve verso de amor
Previo a comer, la veo, le preparo el desayuno, el café, incluso saco su cenicero al balcón, su perfume me embriaga, me trae de vuelta al ron, donde si está, donde aún no se ha desvanecido

Previo a comer, la veo, le preparo el desayuno, el café, incluso saco su cenicero al balcón, su perfume me embriaga, me trae de vuelta al ron, donde si está, donde aún no se ha desvanecido

“Para El Mar” Volando en mi habitación; repaso mi vida (?) paso a paso, mar a mar, confuso, entre oscuridades, humos y (errores), repaso a las musas que me han guiado, busco entre sus rostros y no alcanzo a distinguir ninguno que no sea el suyo (.)

He abrazado tantos brazos, como se me ha permitido, he escuchado tantas voces, como se me ha permitido, he escuchado revoluciones y cambios, relatados con tanto fervor, que la revolución sucede; y siento lástima por mi, porque no he estado junto a aquellos que se disfrazan, junto a aquellos enmascarados y revolucionarios de papel, de haber sido así, podría

Un mes después de que cerraran el bar donde trabajaba no tuvo más alternativa que regresar a casa. La noticia tampoco le hizo gracia a la esposa de su padre, quien la alojó en el cuarto de servicio y la obligó a permanecer alejada del resto de la familia por quince días. A Regina no le importó, prefería evitar

Para César y Charbel Me desperté alucinando, aún con algunos mareos del día anterior. Papá me despertó para desayunar; lo que fuera para quitar el dolor de cabeza, que a veces me da al despertar, tomé café y salí al patio para agarrar fresco. Estaba tratando de ordenar mis sueños cuando el teléfono comenzó a sonar, era Raúl;

Suelo olvidar lo que escribo, no recuerdo sobre que escribí, ni donde lo escribí, a pesar de esto, permanece su aroma estancado en el pecho, resistiéndose al olvido.

Un griterío la obligó a deslizar pasos lentos hacia la ventana. Con una mano temblorosa se acomodó los lentes. Pudo ver cómo una pareja de camilleros trataba de calmar a una niña, quien se resistía a entrar a una cápsula plástica donde finalmente la metieron para trasladarla al hospital. Reconoció el cabello crespo negro que solía despertarla los domingos

Si viviésemos en un lugar normal, saldría a buscarte, te declararía mi amor y escribiría poemas. Pero no, no vivimos en un lugar normal.

Mordiéndome las uñas, el vapor lacrimógeno me recorre la espalda, para darle paso a un estupor sin sentido, el tiempo colapsa por un instante, en parpadeos, cayó el primero.

No recordaba cuándo había comenzado a sentir temor por mirarse directamente a los ojos. “Tonterías de niña”, se decía. Ahora era muy hábil para admirar su belleza en cada reflejo sin hacer contacto visual. Lograba evadir su propia mirada, aun cuando se depilaba las cejas. Sabía que su estatura sería una limitante para convertirse en modelo, aunque todavía podría