Editorial: El mercado de la prensa de trinchera

Los flancos extremos de la sociedad mexicana, como ocurre en las democracias actuales del mundo, hallan su reflejo en el mercado informativo y editorial: ese reflejo lo constituyen unos hombres y mujeres desperdigados en los medios de comunicación, a quienes imagino como juglares del medioevo sólo que en su versión moderna, montan su espectáculo para motivar a las gradas con pases de malabarismo verbal que buscan siempre el denuesto del otro. Claro que aquellos juglares tienen ingenio para mofarse del otro aunque por lo regular no pasan de un desplante corto o unas palabras rimbombantes para el escarnio ajeno; dinamitan los puentes de entendimiento y no construyen, menos aceptan ni un ápice las razones y las motivaciones del otro, por eso nuestro intercambio público es tan pobre, porque esos juglares representan al mercado que busca la eliminación del otro que no actúa como yo. Desde luego que es más sencillo, por ejemplo, descalificar a ese grupo de facinerosos que, dizque en el nombre de la educación, en realidad defienden privilegios, pero los mismos juglares desdeñan –con el donaire de una supuesta madurez que ellos sí dicen tener–, la gran irresponsabilidad del gobierno federal en el diseño de una cobertura educativa de calidad en el país; claro, es más sencillo burlarse de las consignas ajenas elaborando otras consignas y proclamas (mientras, el público ruge enardecido y corea sus nombres porque los otros nunca tienen la razón). Son los mismos juglares que se refocilan en los yerros y los excesos de un líder que se dice representante de las fuerzas progresistas (y creo que esos juglares tienen razón) pero nada dicen los mismos juglares de los aumentos en las tarifas de la gasolina y la luz, o de la gran corrupción que se ha develado en varios estados de la República. Pero no nos confundamos, hablo de juglares que tienen su gracia, no de aquellas groseras marionetas que pregonan que AMLO significa el riesgo de que México se convierta en Venezuela (como si las circunstancias históricas no fueran un poquito más complejas) y hacen la vista de lado frente a la pantomima de la sucesión del PRI, o en el otro extremo esas otras grotescas marionetas que la pasan difundiendo falsedades de lo que pasa en nuestro país, sobre el que incluso dicen que impera, háganme ustedes el favor, un terrorismo de Estado, por no precisar más en las inconmensurables sandeces que propalan día con día.

Sí, los juglares tienen su mercado.

Y es amplio.

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