Integrar a la ley el matrimonio entre personas del mismo sexo, un avance irregateable

Según los editores de esta revista, en estos días podemos registrar un signo destacado de la primitiva cultura democrática que ocurre en el país: nos referimos a la critica de que durante procesos electorales se expresen propuestas, iniciativas de ley o reformas a la Constitución desde el Ejecutivo Federal o desde cualquier instancia. Para nosotros, dentro de la disputa por el poder que implican las urnas eso es lo mejor que le puede suceder al país para determinar el voto de los ciudadanos, y no lo que también sucede: las campañas negras, los ataques entre el fango y los actores políticos que transgreden la vida privada e incluso íntima de sus adversarios, cuando no difaman, con la abierta complicidad de algunos medios de comunicación. Por eso nos desconciertan los analistas que frente a la famosa y plausible iniciativa del Presidente para incorporar en la Constitución el matrimonio de las personas del mismo sexo y la posibilidad de que adopten esas parejas, acaricien su quijada, arqueen las cejas y con voz de circunstancia digan algo así como "Mmm, esta iniciativa viene de alguien conservador. Sospechoso, qué hay detrás de todo esto". También frente a lo obvio se sienten iluminados: "Me parece que es una iniciativa electorera para mejorar su imagen". En sus sesudas sospechas no integran la muy elemental idea de que precisamente de eso se trata la política y entonces jamás reconocerán que el matrimonio entre personas del mismo sexo integrado en la ley es un avance de enormes proporciones para el país. Y nosotros sin rodeos lo aplaudimos.

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