Usted lector, los ha visto pulular en los medios de comunicación tradicionales y en las redes sociales: hay santurrones que no aceptan que el periodista entreviste a personajes malvados aunque la índole de nuestro trabajo es registrar hechos y a sus actores que los determinan; con esa óptica tan limitada –que en realidad se halla alejada de la dinámica del profesional de la comunicación, entonces no podría haberse entrevistado a Gandhi o a la madre Teresa de Calcuta. Digamos que la discusión sería dirimir la lista de nombres que esos santurrones nos dieran para poder obtener su venía y, así, escapar de sus admoniciones. Más allá de este tipo de caricaturas, el profesional de la comunicación tiene la responsabilidad de obtener información por lo que, dentro de sus indagaciones, puede acudir al género de la entrevista.
Pero un tema son los parámetros profesionales con los que el periodista desempeña su labor y otro creer que es periodismo, digamos, decirle a un delincuente como "El Mayo" cuál gorra le queda mejor, de hecho, de la charla que este tuvo con Julio Scherer hace casi seis años lo que permanece en la memoria es la foto de los dos, uno abrazando al periodista quien sonríe ante la cámara y ese pasaje donde Julio Scherer la hace de experto de moda o diseñador de imagen al sugerirle a "El Mayo" que cachucha le siente mejor. El ejemplo más reciente de esa forma de hacer propaganda es el cuestionario del actor Sean Penn, que fue autorizado antes por Joaquín Guzmán -acto inadmisible para el periodismo- y que ocurrió a instancias de Kate del Castillo, quien antes, en las redes sociales, había expresado su simpatía con El Chapo además de que está siendo investigada por hacer negocios con él. En suma, no hay entrevista ni información sino la semblanza de una especie de "Chucho El Roto", apología de la violencia. Sí. Para encumbrar a uno de los principales causantes de miles de muertos, entre ellos periodistas, esos sí periodistas, que han fallecido en la cobertura del narcotráfico.
