La Jornada tiene el respaldo del gobierno federal para enfrentar su crisis económica y por ello es el tercer diario que más publicidad oficial obtiene. Pero esos recursos extraordinarios no han sido suficientes y por ello la administración resolvió medidas contra los trabajadores sin que trastocará los privilegios que tienen varios integrantes de la directiva. Ya se sabe que eso generó una huelga que la autoridad en la Ciudad de México resolvió en favor de la parte patronal y, ahora, los dos principales dirigentes del sindicato han sido despedidos por haber incurrido en la osadía de exigir sus derechos: la secretaría general, Judith Calderón Gómez, y el secretario de organización, Leonardo Mondragón Román; además, Alejandro Caballero Calderón fue citado a declarar por la PGJ-CDMX porque estuvo en las puertas del diario cuando ocurrió el movimiento de huelga; se trata de una evidente represalia que no solo desmiente el acuerdo al que habían llegado el Sitrajor y Demos para no emprender acción alguna luego de ese movimiento sino que exhibe el intento de la directiva de La Jornada por negar el derecho a la huelga.
Frente a esta situación, los periodistas de otros medios de comunicación no han expresado su apoyo a los integrantes del sindicato, tampoco lo ha hecho Artículo 19 que en otras lides y con otros temas sí es particularmente activista. Ni siquiera se registra el histrionismo ese de los medios abajo firmantes con el que protestaron hace poco contra la violencia. Nada. O sea que se está consumando un atropello contra periodistas de La Jornada mientras que su directiva tiene el respaldo oficial y, sin duda, la complicidad del silencio.

