Hay que añadir la palabra “jodido” a las modas efímeras que asiduamente detonan en las redes sociales y que buena parte de los medios de comunicación tradicionales integran como noticias aunque su contenido sea baladí, por decir lo menos; no vamos a precisar a qué se debe este nuevo sainete porque el lector enterado lo sabe. Sólo decirmos que desde nuestro punto de vista es irónico que un terminajo como aquel pueda emplearse, precisamente, para calificar el intercambio público mexicano que, habitualmente, es tan estridente como falto de contenidos, tan lleno de adjetivos y tan ayuno de ideas. Tan frívolo y evanescente, mientras de nuestras manos escurren temas cuya trascendencia, si somos sensatos, sería indiscutible y que al no abordarlos endosan el expediente de los asuntos olvidados o el de aquellos que sólo se recuperan desde el manto de la opacidad y la arbitrariedad:
Cuáles son las aspectos que imposibilitan los acuerdos entre el gobierno federal y la CNTE, no lo sabemos, en la esfera pública no se exige información al respecto, sólo hay posturas en blanco y negro, como si fueran gritos en las gradas de cualquier gesta deportiva. Y ya que aludimos a lo deportivo, otro signo de la pobreza de muestro intercambio público está en esa suerte de linchamiento a los directivos como si la desastrosa participación de la delegación mexicana sólo se explicara por su impericia, y así podríamos citar una enorme lista de temas que son ignorados (o casi) –El informe de la CNDH sobre lo que sucedió en Tanhuato es un ejemplo– o que son tratados desde la óptica de la polarización, es decir, desde las posturas irreductibles, militantes, que por lo regular miran más el horizonte electoral.
Sí, nuestro intercambio público está muy jodido.
Marco Levario Turcott
