Dibujo: Abel Quezada

Editorial: Sobre “El tapado” y “El dedazo”, el PRI, Morena y el Frente

Hay en las redes sociales una opinión que no comparto, alude a la liturgia priista del “Tapado” como si el tiempo no hubiera pasado y, entonces, el candidato del PRI a la Presidencia de la República (pre, dentro de unos días para efectos legales) es, simplemente, la persona en quien decidió el actual mandatario del país como abanderado del partido. Difiero, insisto, más aún, creo que ese tipo de “análisis” son en realidad los trasnochados pues traen puestas las gafas de antaño para ver las dinámicas de hogaño; sugiero ponerles vaho y limpiarlas:

El punto de vista del Presidente dentro del partido es fundamental, ni duda cabe, incluso no imagino otro escenario, aun en democracias consolidadas en donde no ocurra eso. Junto con ello, me parece que es innegable que hay otros sectores e incluso personalidades que tienen un peso relevante y, por ello, estoy seguro de que, tras un procesamiento político complejo (del que no tenemos por qué ser enterados, los acuerdos siempre se tejen en privado guste o no –incluso creo que así debe ser), Enrique Peña Nieto le comunica al favorecido la responsabilidad que tendrá. Desde luego, el procesamiento implica disciplina; en el caso de Miguel Ángel Osorio Chong es notorio ya que su “autodescarte” sucede luego del cañonazo mediático que recibió la semana pasada, en el periódico Reforma (Videgaray, un hombre con una influencia excepcional dentro del primer círculo del poder, dijo no aspirar al cargo desde hacía tiempo). Además, por ejemplo, si Aurelio Nuño renuncia en las próximas horas a la SEP (lo que hará para dirigir al PRI o coordinar la campaña de Meade), ello implica acuerdos, pactos políticos al interior del partido aunque ciertamente tutelados por el Presidente (aunque procesados con más actores políticos, disculpen que sea necio).

Para evitar posibles equívocos, advierto que no coincido con esa forma de procesamiento del candidato del PRI, sólo digo que la decisión implica algo un poco más complejo que cuando Luis Echeverría, José López Portillo y Miguel de la Madrid eran presidentes (incluso Ernesto Zedillo no fue el candidato que Carlos Salinas hubiera querido, si nos atenemos al testimonio de varios personajes que concurrieron o supieron de esa decisión). Más aun, sostengo que la forma de procesar a su candidato exhibe la frágil cultura democrática del PRI porque la élite del partido decide y prácticamente cierra la posibilidad de que su militancia participe, sólo le pide obediencia como en diferentes planos sucede en Morena porque la consulta a las bases es tan auténtica como la tómbola o la encuesta que decide candidatos. Precisamente ese es el dilema del Frente Amplio Ciudadano: carece de estructura y método, aunque fuera vertical, para decidir a su candidato (el asunto llega a ser verdaderamente cómico cuando militantes del PRI y Morena se cuestionan unos a otros por el dedazo –o sea, las decisiones verticales dentro de los partidos que hay tanto en Morena como en el PRI).

Agrego por último un comentario sobre la crítica a los medios por ser vasos promotores de filtraciones, adelantos o especulaciones dentro del supuesto rito de los 70 reeditado ahora: lo hago como pregunta, ¿qué espera ese regaño así como de santo o santa, que los medios no digamos nada, el silencio para no ser comparsa? Suena bien pero si a un periodista le dicen que uno de los candidatos relevantes ha declinado o le dijeron que no compitiera, ¿éste debe callarse y pasar la estafeta a otro (porque siempre habrá un otro? Si con un afán interesado una fuente te dice algo –y advierto que todas las fuentes, todas, dicen algo por algo y al periodista le corresponde discernir al respecto–, repito, si una fuente informa algo relevante entonces ¿el periodista debe decir, “no gracias”, no acepto la primicia? ¿Cuál sería su aporte a la ética? ¿Proclamar a los cuatro vientos que él o ella no tienen interés en adelantar que el PRI tendrá candidato? ¿Hacer vacío mediático, con quiénes, para quiénes, así, en favor de ningún otro actor político? ¿Lo mismo debemos hacer con el registro de AMLO el próximo 12 de diciembre, no asistir para evitar que el partido y el candidato manipulen con símbolos religiosos a amplias franjas de la población? ¿No trasmitir cuando rezan por él y así respetar nosotros los periodistas el Estado laico? Creo que los periodistas debemos hacer nuestro trabajo y que poner en contexto los partes informativos es lo que, en todo caso, nos distingue a unos de otros.

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