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En una oficina soleada de Manhattan, Mike Schmidt pasa sus días en busca de cuentas de Instagram falsas. Algunas son obvias, como la que nunca había publicado una fotografía y aún no tenía foto de perfil, pero seguía a casi 7500 cuentas: el máximo permitido por la red social. Otras son más engañosas. Schmidt tuvo que revisar un poco una cuenta con el nombre @ailebnoblk antes de descubrir que la misma imagen de archivo de un auto aparece tres veces seguidas, una pista de que no había una persona real detrás del perfil.

“La cantidad de actividad de bots que está ocurriendo en estas plataformas es increíble”, dijo Schmidt. “Es sorprendente la cantidad de cuentas nuevas y todas las veces que esta gente está dando me gusta, publicando correo basura, haciendo comentarios positivos y pegando emoticonos de caritas felices”.

Dovetale, una empresa de software con cuatro empleados que Schmidt cofundó en 2016, ha ideado una gama de tácticas para identificar grandes cantidades de cuentas falsas que siguen a personalidades populares de Instagram. Después empaqueta esa información para empresas que quieren hacer mercadotecnia y que son cada vez más escépticas de los números de audiencia que tienen las estrellas de redes sociales y que a menudo determinan cuánto dinero pueden obtener de anunciantes.

Los vendedores están acudiendo a negocios como Dovetale impulsados por revelaciones como las de una investigación reciente de The New York Times en la que se detalló la industria en auge de gente que compra seguidores falsos y de participación fraudulenta en Twitter y otras redes sociales. En un intento por parecer legítimas, algunas de esas cuentas falsas utilizan información personal de gente real sin su conocimiento. Eso ha causado preocupación entre las marcas y sus agencias, que a menudo dependen de métricas como el número de seguidores que tiene una cuenta cuando contratan gente en YouTube e Instagram para promover sus productos. Estas estrellas de las redes sociales a menudo pueden atraer miles de dólares por una publicación en la que promocionan un producto.

“Sabíamos que este tipo de ajuste de cuentas llegaría”, dijo Erick Schwab, cofundador de Sylo, que veta a influenciadores si cometen fraude y espera establecer una manera de asignar una calificación numérica al contenido de estos similar a los índices de audiencia televisivos. “Nos han escrito correos muchísimas marcas, agencias y vendedores con los que hemos conversado desde hace tiempo, pero ahora se comportan como si fuera un servicio esencial”.

Algunas cuentas falsas fueron identificadas debido a que habían subido las mismas imágenes varias veces. Los usuarios no respondieron a mensajes enviados por medio de la red social.

El interés en ese tipo de empresas refleja la facilidad con la que se puede fingir la popularidad en plataformas como Instagram, donde los bots proliferan como seguidores incluso en cuentas donde la gente no los ha comprado. Aunque muchos anunciantes están conscientes de la situación e intentaron enfatizar más el contenido de calidad o los comentarios favorables, la cantidad de seguidores aún tiende a ser un factor dominante.

Más información en: http://nyti.ms/2DBmO0S

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