Media hora antes de que Mick Jagger saliese al escenario con cientos de miles de cubanos eufóricos ante el concierto que selló la apertura cultural de Cuba al mundo y del mundo a Cuba, Edelix Fonseca, profesor de ajedrez de 54 años, bebía ron con café tumbado en el pasto y recordaba: "Cuando yo era un adolescente en los años 70, me gustaba llevar el pelo como nos tocaba a los negros en esa época, como lo llevaron Jimi Hendrix y Angela Davis. Pero en el colegio no lo permitían y yo lo escondía con peinados extraños para mantener el pelo largo". Fonseca fuma una calada de un cigarro y prosigue.
"Yo sufrí eso, y sin embargo, con el tiempo, me di cuenta de que también tenía que ver con que el sistema nuestro reaccionaba de manera antinatural por todas las presiones a las que estaba sometido el país. Y ahora me alegro, me siento feliz de que llegue este momento en que las cosas empiezan a ser naturales, como siempre debieron ser, y de estar aquí echado en el césped esperando a que aparezcan los Rolling con mi vieja bandera cubana en el morral. Nunca imaginé vivir esto". Sonríe, fuma otra calada, bebe otro trago de ron.
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