El anagrama feminista es lo que casi se ve primero al conocer a la profesora Hanna Björg Vilhjálmsdóttir, Lo lleva tatuado en el cuello. La lucha por los derechos de la mujer vino antes que las aulas. Profesora tardía (se licenció a los 43 años después de una vida como consultora), se dio cuenta de que en los institutos no se educaba sobre igualdad de género. Pese a que en Islandia, campeona mundial del feminismo, estos estudios están contemplados en la ley. Es la pionera de la enseñanza sobre la equidad en los institutos de su país. En casi la mitad de ellos los alumnos entre 16 y 19 años cursan un programa de 16 semanas. Verla impartir una clase ilustra su entusiasmo por una tarea en la que ya lleva más de una década.
Pregunta. ¿Cómo empezó a dar clases de igualdad de género?
Respuesta. Le pedí a mi tutor, cuando me contrataron recién licenciada, si podría intentar un nuevo proyecto sobre igualdad de género. Fui valiente e insistente y simplemente lo hice.
P. ¿Cómo se preparó para dar las clases sin que hubiera un temario específico?
R. Leí algunos artículos, recopilé vídeos y otros recursos para mis alumnos. Pero lo primero y más importante, hablé con ellos. Utilicé el método del debate. Les hice analizar la cultura popular en la que se movían. Hablamos y nos escuchamos. Les mostré el amplio espectro de las relaciones de poder en la sociedad y cómo la desigualdad es sistemática en todos los sectores.
P. ¿Cuál fue el resultado?
R. Rápidamente me di cuenta del buen material que tenía en mis manos. Una especie de huevo de oro. Los estudiantes respondieron muy bien ante el curso y me animaron a continuar. Entonces empecé a difundirlo. Hablé con profesores de sociología y con los medios de comunicación, escribí artículos…
P. ¿Cómo cambian los estudiantes al final del curso?
R. Obtienen unas gafas de género. que les hacen ser conscientes del entorno cultural, cuan peligroso puede ser y la misoginia existente. Cómo chicos y chicas (ahora tengo más géneros, pero por simplificar) han sido criados de forma distinta y se dan cuenta de ello. El curso les prepara para protegerse de una cultura que hace daño, sobre todo a las chicas. Los chicos aprenden a respetarlas y a respetar lo que consideran femenino. La salud sexual es importante también. Los estudiantes aprenden que la cultura del porno es realmente su enemigo, ya que les enseña la normalización de la violencia en el sexo. Acaban mirando de forma crítica lo que de verdad es el porno.
P. Y además de eso, ¿qué más se consigue?
R. Los estudiantes se empoderan. Aprenden que es importante identificarse a ellos mismos por sus capacidades y no por su aspecto. Las chicas se entrenan para no objetualizarse. Y los chicos aprenden a no mirar a las chicas como objetos. No estoy diciendo que todos mis estudiantes hagan eso. Pero muchos de ellos sí. Sé que el curso ha cambiado las vidas de mis alumnos en términos de empoderarles y de adquirir pensamiento crítico. Por citar algo.
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