En Madrigalejo (Cáceres), el cine olía a pis. Mientras se proyectaban spaguetis, películas mexicanas de serie Z, Los olvidados de Buñuel o El manantial de la doncellade Bergman, la muchachada podía orinar sin perder de vista la pantalla. Un muro enorme hacía de testigo. Y de aliviadero. Lo cuenta Pedro Almodóvar (Calzada de Calatrava, 1949) en Dolor y gloria, que se estrena este viernes, y lo vuelve a contar con un papel y un lápiz en la mano para dibujar con precisión la geometría cinéfila-miccionadora que le vio crecer. Allí vio, además, Esplendor en la hierba, de Elia Kazan, y sintió con claridad que esa película hablaba de él, de la necesidad de huir del encierro de una sociedad represora y voraz.
La última película del manchego cuenta todo eso con la misma transparencia que lo hace de él mismo, de su director. Se trata de su cinta más cercana, más pegada a su vida y, por esa misma razón, más próxima al propio cine. Recibe a EL MUNDO en su despacho. Detrás, un puzle de fotos recorre su vida. Entre ellas, un autorretrato con Billy Wilder. Cine que devora (y mea) cine.
- P: ¿Cuánto tiene el cine de vida y la vida de cine? ¿quién copia a quién?
- R: La vida y el cine son dos corrientes que se cruzan, se separan, se alimentan mutuamente. No creo que una copie a la otra, pero en su naturaleza está la influencia mutua, especialmente si eres director de cine. El cine bebe de la realidad, pero también del cine mismo. Mis personajes a veces hablan de una película para explicarse (Victoria Abril le cuenta a su madre, Marisa Paredes, en Tacones lejanos la escena de Sonata de otoño de Bergman); o el enfermero Benigno en Hable con ella le cuenta a Alicia, la joven en coma, una película muda que ha visto en la Filmoteca: El hombre menguante. En Mujeres al borde de un ataque de nervios le robo a Johnny Guitar los diálogos amorosos más hermosos jamás escritos. En mis películas aparece el cine de los demás, porque el cine, la experiencia de estar frente a una pantalla que te vampiriza y a la que tu te entregas, es parte de la vida. Una parte muy importante en mi caso.
- P: Siempre ha insistido que cada vez le cuesta más mirar a la realidad porque cada vez más es ella la que le mira a usted… ¿Se puede hablar de la vida teniendo, por culpa de la fama, la gloria o la simple notoriedad, restringido su paso a buena parte de ella?
- R:En los intermedios entre película y película, una vez terminada la promoción, desaparezco de la vida pública. Pero en momentos como ahora, y con una película comoDolor y gloria me resulta muy difícil proteger mi privacidad. Soy pudoroso, siempre lo he sido, pero entiendo que en esta película tengo que hablar del proceso de creación de una historia y un personaje que se parece mucho a mí y que, en efecto, he escrito partiendo de mí mismo. Me gustaría explicar con claridad cómo es el proceso de la escritura, cómo la realidad (yo, en este caso), desaparece en el trámite que la convierte en ficción. Al final lo que importa es la verosimilitud cinematográfica, no la fidelidad a la realidad. Mi espacio privado lo he conseguido aislándome, pero no estoy seguro de que sea la mejor manera.
- P: En sus últimas películas parece clara su voluntad de replantearse quién es y hasta de contradecir la imagen que los demás tienen de usted. ¿Es Dolor y gloria una forma de reafirmarse, de dejar las cosas claras consigo mismo?
- R:Siempre me he arriesgado en mis películas. No he hecho la película que se esperaba de mí ni he seguido ninguna moda. Es cierto que en las últimas películas estoy más austero y contenido que nunca y que mi idea de lo esencial se ha ido afinando con el tiempo. Cada vez me resulta más difícil satisfacer mis propias exigencias. Pero no estoy seguro de que esto sirva para reafirmarme. Cada vez me resulta más difícil hacer cine, y sin embargo cada vez lo necesito más. Eso está en Dolor y gloria
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