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Las denuncias de acoso sexual contra Harvey Weinstein, uno de los grandes mecenas de Hollywood y «superproductor» que atesora hasta seis Oscar a la mejor película, ha desatado un terremoto político capaz de conectar las dos costas de EE.UU. Su condición de poderoso donante demócrata, financiador de las campañas de Barack Obama, Hillary Clinton y de casi todos los destacados demócratas con ambiciones, durante sus tres décadas de poderío financiero, rompe las costuras del mundo liberal. Entre Manhattan, donde «The New York Times» lanzó hace diez días la exclusiva informativa sobre sus presuntos y continuados abusos contra jóvenes actrices que se abrían paso, y Los Ángeles, donde los actores políticamente más combativos con el mundo conservador se resistían a criticar a uno de sus iconos, el Washington político hierve ahora en medio de las denuncias republicanas contra la doble moral de su eterno enemigo político. Con el FBI por delante, la Administración Trump ha abierto una investigación.

Como si no quisiera despertar de la pesadilla, la mayor parte de los líderes demócratas tardaron al menos cinco días en desfilar por los medios para condenar los desmanes de Weinstein. El 5 de octubre se hacía pública la escandalosa conducta de quien Meryl Streep, la actriz liberal más significada políticamente contra Trump, llegó a calificar de «dios» hace bien poco. Un grupo de senadoras, encabezado por Elizabeth Warren, fue la avanzadilla mínima de una reacción de condena que se demoraba. Kellyanne Conway, asesora de Trump en la Casa Blanca, preguntó en Twitter cómo Hillary Clinton «tardaba días en denunciar lo que fueron cinco minutos» en el caso de su rival republicano.

Devolución de dinero

Tímidamente, el Comité Nacional Demócrata, órgano de gobierno del partido, se comprometió a devolver 30.000 dólares de los 300.000 que había recibido del magnate de Hollywood. Un gesto parcial que aprovechó el Comité Nacional Republicano para disparar con bala: «Si los demócratas están tan a favor de la causa de las mujeres como dicen, no debería ser un problema para ellos devolver todo el dinero sucio».

Como un reguero interminable, casi todas las campañas demócratas de relevancia se habían nutrido de las arcas del patrón de las causas liberales. También, las de Obama y Hillary Clinton. No fue hasta el 10 de octubre, en plena ebullición del escándalo y en medio de un ruidoso silencio, cuando el penúltimo matrimonio presidencial y la excandidata a la presidenciaemitieron sendos comunicados de desmarque y condena.

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