El baterista Anthony Williams formó Lifetime después de dejar el grupo de Miles Davis, en 1969, alrededor de la época en que se estaba terminando “In a Silent Way”. Sus compañeros para este emprendimiento fueron el guitarrista John McLaughlin, otro desertor de la formación de Miles Davis quien se alejaba también en búsqueda de desarrollar sus propias composiciones, y sumados a estos el innovador del Hammond Larry Young. El ex bajista de Cream, Jack Bruce, se uniría a ellos en 1970.
Williams ya venía desarrollando sus propios conceptos prototípicos de un jazz libre, fuera de las estructuras convencionales, en 1964 su primer disco solista, llamado también Life Time, en el que ya proponía nuevos sonidos, más relacionados con el free jazz y el post bop, pero para nada electrificado, faltaban algunos años para que aparecieran las disposiciones en el rock. En 1966 aparecería su segundo disco solista, Spring.
Al parecer Williams fue un entusiasta de las vanguardistas desde sus comienzos, pero para finales de los 60s este entusiasmo se topó con nuevos condimentos, el rock de la contracultura estaba más fuerte que nunca y el jazz supo acercarse a las vanguardias que estaban poniendo en auge. Williams se había sumado a la banda de Miles Davis a sus 17 años, era todo un joven entusiasta y talentoso, citado por Davis como “el centro en el que gira el sonido del grupo”, esto le dio un gran reconocimiento a Williams.
Tras la salida del grupo de Davis, Williams se encarga a su primer disco con su ‘’The Tony Williams Lifetime’’. El primer lanzamiento de la banda sería Emergency!, publicado ese mismo 1969. Este trabajo se sitúa entre el rock y el jazz, entre la psicodelia y el jazz de finales de los 60s, un hibrido erigido por el órgano estilo jazz-funk de Larry Young, la salvaje guitarra eléctrica de jazz de McLaughlin y la enorme y versátil batería de Williams, funcionando juntos en un estilo prototípico de fusión nacido de una unión convulsionada. Tres maestros de sus respectivos instrumentos que deciden que el rock y el jazz puede encontrarse, reformarse, mezclarse y fusionarse, de manera cómo no se lo había hecho hasta entonces, de forma que ninguno de los dos estilo se presente propiamente dicho sino que el resultado es estrictamente un producto nuevo, un nuevo estilo, y como toda creación, es convulsionada, apasionada y repleta incursiones y arremetidas.
A menudo se lo señala como uno de los primeros álbumes de jazz-fusión, una obra que no tuvo grandes ventas, pero no por eso tuvo menos originalidad. En esta obra es posible encontrarse con una serie de atascos, semi-improvisados, plagados de arrebatos, provenientes de los tres músicos, con los que se construyen las piezas, espasmos como explosiones a borbotones, aplicaciones que fluyen y refluyen en una misma cosa que tiene sus propia potencia y poderío y que conoce, entre tanto, también, de sutiles cambios que vuelven al mismos resultado algo muy complejo y ejecutado en velocidad.
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