domingo 26 mayo 2024

AMLO y los asaltos contra la democracia: EU, 2021, no intervención; Brasil, 2023, “apoyo progresista”

por etcétera

El asalto antidemocrático que el presidente Andrés Manuel López Obrador repudió el pasado domingo en el caso de Brasil, fue motivo de gran respeto y no intervención cuando ocurrió en 2021 en Estados Unidos. Él mismo impulsó una acción no muy distinta en 2006.

El pasado domingo grupos que apoyaron a Jair Bolsonaro en la reciente elección presidencial de Brasil tomaron por asalto las sedes de los tres poderes federales en Brasilia, la capital del país. Los hechos se produjeron apenas a una semana de que Lula da Silva tomara el poder ya que aquellos siempre han reclamado un supuesto “fraude electoral”.

Los miles de bolsonaristas que realizaron el ataque contra la democracia se habían reunido cerca del cuartel general del Ejército brasileño desde donde se enfilaron hacia las oficinas de los poderes, en las que realizaron desórdenes y daños. Después de unas horas las fuerzas de seguridad lograron controlar la situación y detener a más de 200 de los participantes en los hechos.

Lo ocurrido suscitó el rechazo prácticamente mundial, empezando por los jefes de Estado. Incluso hasta Bolsonaro ha buscado deslindarse de los hechos y hasta ha declarado que esas expresiones están fuera de la regla de la democracia.

En México, el presidente López Obrador reaccionó muy pronto, y colocó un tuit en el que el intento de golpe había sido azuzado por la oligarquía, pero que Lula contaba con el apoyo de las fuerzas progresistas.

“Reprobable y antidemocrático el intento golpista de los conservadores de Brasil azuzados por la cúpula del poder oligárquico, sus voceros y fanáticos. Lula no está solo, cuenta con el apoyo de las fuerzas progresistas de su país, de México, del continente americano y del mundo”, escribió el mandatario mexicano.

Sin embargo, la actitud de López Obrador en un hecho similar, el ocurrido el 6 de enero de 2021 en el Capitolio de Estados Unidos, fue muy distinto. Aquel día miles de seguidores de Donald Trump, entonces aún presidente de ese país, asaltaron la sede del Poder Legislativo cuando estaba erigido en Colegio Electoral y discutía la validación de la elección presidencial, en la que, según los conteos, había resultado derrotado el republicano, quien alegó “fraude electoral” sin contar con las pruebas correspondientes.

Los hechos de aquel día, que pudieron ser alentados por el propio Trump, provocaron al menos seis muertos y numerosos heridos.

Al día siguiente de aquellos hechos (López Obrador no reaccionó tan rápido como en el caso de Lula), López Obrador marcó distancia respecto a ese otro asalto a la democracia y alegó su política de “no intervención”, la que aplica de forma, más que selectiva, convenenciera.

En su conferencia de prensa del 7 de enero respecto al ataque al Capitolio, López Obrador respondió: “Nosotros siempre hemos actuado con respeto a la política interna de otros países; así lo establece nuestra Constitución, son principios de política exterior la no intervención, la autodeterminación de los pueblos. No vamos nosotros a intervenir en estos asuntos que corresponden resolver, atender a los estadounidenses. Esa es nuestra política. Eso es lo que puedo comentar”.

Además, lamentó la pérdida de vidas y mencionó su buena intención de que los conflictos sean resueltos mediante el diálogo y por la vía pacífica.

Sobre el asalto a la democracia estadounidense, promovida por Trump (López Obrador presumía su buena relación con él), se manifestó neutral: “Por lo demás, no tomamos postura. Deseamos que siempre haya paz, que prevalezca la democracia, que es el poder del pueblo y que haya libertades, eso es todo”.

Eso no fue alegado el pasado domingo y López Obrador prefirió la política de sí intervención (que ha sido denunciada, por ejemplo, por las autoridades de Perú tras la caída de Pedro Castillo).

Sobre candidatos perdedores en contiendas por la Presidencia de la República, debe recordarse que en 2006, prácticamente sin evidencias, López Obrador denunció un supuesto “fraude electoral”, y desde entonces reclama que le robaron la presidencia.

El 1 de diciembre de 2006 los diputados de la alianza electoral que respaldó al tabasqueño buscaron impedir la transmisión de poder, la cual se pudo realizar en una muy atropellada ceremonia.

Antes, el 20 de noviembre, en un Zócalo lleno de gente, López Obrador se había proclamado “presidente legítimo”.

Son historias de intentos de golpe.

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