Toda restricción al libre flujo de las ideas atenta contra dos derechos humanos fundamentales consagrados en la Constitución: libertad de expresión y derecho a la información
El actual modelo de comunicación política en México es una basura. Animado por las vísceras y no por la razón, restringe libertades y no contribuye a una democracia vigorosa y participativa. El andamiaje legal que nos rige obedece a la desconfianza. Su diseño privilegia la difusión de millones de spots que poco o nada le dicen a la sociedad, y anula el debate de las ideas tan necesario en una contienda electoral.
Las campañas políticas son, por naturaleza, contraste y competencia. Toda restricción al libre flujo de las ideas atenta contra dos derechos humanos fundamentales consagrados en la Constitución: libertad de expresión y derecho a la información.
Ya en otra entrega me referí a la manera en que la clase política tradicional sigue ejerciendo la comunicación social a la antigülta frente a un electorado despierto e intensivo en el uso de las nuevas tecnologías de la información. Menos spots y más tuits, propuse.
So pretexto de una mal entendida equidad en el acceso a los medios de comunicación, las actuales reglas resultan costosas, inciertas y atrofiantes. Queda prohibido a los particulares comprar espacios para expresar con libertad su parecer sobre la realidad política y, en el colmo del absurdo, se castiga a comunicadores por advertir sobre inminentes cortes a la programación pautados por el Instituto Nacional Electoral.

