Cuando los cuerpos de inteligencia del gobierno detectan la debilidad de un narcotraficante, lo aprehenden rápido. A El H lo capturaron por antojadizo en una marisquería
Dicen que todos tienen una debilidad. El Chapo y La Tuta cayeron por sus esposas. El Chayo, por su novia. Quienes forman los cuerpos de inteligencia del gobierno que los han perseguido y detenido me cuentan que cuando detectan a su debilidad —una esposa, una hija, un pasatiempo— es cosa de días para que sean aprehendidos.
A uno de los capos más poderosos del país, Héctor Beltrán Leyva, alias El H, lo capturaron por antojadizo. Dicen que no hay sinaloense que no añore unos buenos mariscos y una cerveza para comer. Y así le pasó al de Badiraguato:
La ventaja que tuvieron los oficiales de la Marina Armada de México es que El H vivía en San Miguel de Allende y, a diferencia de Mazatlán o Culiacán, en ese municipio de Guanajuato no hay muchas marisquerías. Así que cuando interceptaron los antojos del “patrón”, vigilaron la más cara.
Y hasta ahí llegó. Acompañado de Germán Goyeneche, figura del Partido Verde Ecologista.
Según fuentes federales que hablaron conmigo a condición de mantenerlos en el anonimato, el trabajo coordinado entre la Marina y el Centro de Investigación en Seguridad Nacional (Cisen) permitió primero ubicar a Héctor Beltrán Leyva en un lujoso fraccionamiento de Juriquilla, Querétaro. Usando un nombre falso, se hacía pasar como un cotizado vendedor de arte. Las autoridades descubrieron que ni siquiera sus empleados de servicio doméstico sabían en realidad de quién se trataba…

