Pocas cosas muestran tan evidentemente la ineficiencia estatal como la medicina socializada. En pocos lados el sufrimiento humano les merece tan poca consideración. IMSS, ISSSTE Y SSa es lo mismo. Médicos especialistas con agendas saturadas, médicos "familiares" que se sienten todo menos médicos de una familia determinada. Asistentes y secretarias que no ocultan su enemistad con el género humano.
En este 2015, la Comisión Nacional de los Derechos humanos informó que el Seguro Social y las cárceles son las instituciones que más violan los derechos humanos de los mexicanos, y el Informe Anual de Actividades 2014 destacó que el año pasado se abrieron mil 542 expedientes contra el IMSS.
¿Ha visto usted, amable lector, alguna de las atestadas salas de cualquier Unidad del IMSS? Auténticas imágenes de pesadilla, decenas de pacientes de todas las edades y con diversas patologías, niños llorando, gente en sillas de ruedas, ancianos con bastones que apenas los sostienen en resignada espera de ser atendidos, perdido ya todo rastro de dignidad, hedor, basura y suciedad. Si algo describe una Sala de Urgencias de un hospital público es su absoluta carencia de sensibilidad al dolor humano y la inaceptable humillación a que somete al paciente.
En el IMSS todo indica que los papeles son más importantes que el paciente, tenga éste la enfermedad que sea y sea o no es una real urgencia; si un enfermo, por milagro divino, logra vencer las trabas burocráticas y consigue una cita con el médico o si, después de meses de espera, llega con el especialista, surge fatalmente otro problema: con frecuencia no hay medicamentos. Después de horas (cierto, horas) haciendo fila en la ventanilla de la farmacia, un indolente empleado comunica, con la frialdad de quien tiene segura su quincena, que no hay el medicamento y da una fecha en que, si hay suerte, se surtirá la receta. El enfermo se enfrenta a dos incómodas posibilidades: o compra de su bolsillo el medicamento (caro o carísimo) o sufre las consecuencias. El resultado final es el mismo: el IMSS incumple con su obligación primaria, atender enfermos. Ubiquémonos, no hay otra justificación para la existencia del IMSS; ni sus centros de bienestar familiar, ni sus teatros, ni sus inútiles anuncios televisivos, nada de eso es lo prioritario; el IMSS se inventó para atender enfermos, si no lo hace no se justifica su existencia y debe ser reformado.
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