“Al amparo de las grandes declaraciones sobre la libertad de expresión, o acerca del derecho a informar, no son pocas las prácticas de periodismo sensacionalista, mendaz e injurioso que se emplean como el único objetivo de vender más y ganar más audiencia”, señala el periodista español José Luis Cebrián, a propósito del amarillismo en la prensa, entendido como aquella práctica que consiste en magnificar hechos para apelar a los instintos más bajos de las masas.
El pasado viernes apareció en un puente peatonal en Tlalpan una manta con un mensaje intimidatorio dirigido al jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera y a la Secretaría de la Defensa Nacional por su presunta protección hacia ciertos grupos delincuenciales. La procedencia de este material ya es investigado por la PGJDF.
La cobertura más detallada y llamativa de este suceso no la tuvieron publicaciones como La Prensa, El Gráfico o Metro, sino los máximos exponentes del periodismo “crítico e independiente”; Reforma, Proceso y Sin Embargo reprodujeron textualmente el contenido de la manta en sus portales de internet, sin acompañarlo de un trabajo de reporteo o investigación. En el caso de Proceso, el encabezado fue: “Habrá más colgados en la ciudad”, advierten a Mancera en narcomanta”; en cada una de las tres ocasiones que se colocó el link en su cuenta de Twitter, se tuvieron más de 100 retuits. En el caso de Sin Embargo, titula: “Una tercera manta colgada en Tlalpan, amenaza a Mancera, la firman cárteles; PGJDF investiga” y en el cuerpo de la nota se concede veracidad al mensaje y a la existencia de los grupos delictivos que en él se citan. En este caso, los retuits promediaron 80 en cada vez que se reprodujo el link.
Otros medios portavoces del mensaje fueron SDP Noticias y el portal Letra Roja, el cual según sus editores, nació con la consigna de reivindicar el género de nota roja, quitarle el estigma del “patito feo” del periodismo y darle un carácter más humano. En este caso, dichos objetivos no se consiguen al hacer suyo el mensaje de presuntos cárteles del crimen organizado y difundirlo en al menos ocho ocasiones en su cuenta de Twitter entre el viernes 6 y el sábado 7.
Pero el mejor ejemplo de cómo los medios y periodistas se convierten en recaderos de la delincuencia, lo dio el conductor de la segunda emisión de MVS, Luis Cárdenas, quien en su espacio de noticias del pasado viernes 6 de noviembre, dedicó 15 minutos y 36 segundos a esta noticia: la crónica del hallazgo, su contenido y las reacciones por parte de autoridades del Distrito Federal. El conductor, con el argumento de que se trata de un asunto de “sumo interés público”, anunció que en su cuenta personal de Twitter, “bajo su responsabilidad”, difundió íntegro el mensaje de la manta y las fotografías “exclusivas” de una bolsa de plástico que se encontró en el lugar de los hechos; las escatológicas imágenes ni siquiera Metro o El Gráfico las publicaron.
Para rematar, Cárdenas presentó en su noticiero radiofónico los fragmentos de un “narco corrido” atribuido a una de las organizaciones delictivas que firma la manta; según él, son los códigos que usan los cárteles del narcotráfico para comunicarse. Mientras MVS, como medio de comunicación, se concretó a presentar en su portal la nota sobre el hallazgo de la manta, sin abundar en detalles, su conductor Luis Cárdenas hizo apología de los procedimientos utilizados por las bandas que colocaron este mensaje en un puente de Tlalpan
Al volverse emisores de los mensajes de organizaciones criminales o dar por verdaderos rumores sin ningún sustento, los medios de comunicación ponen en tela de juicio los más elementales principios deontológicos que deben regir su actuación, especialmente aquellos que se asumen como el contrapeso del poder.
El sensacionalismo, habitual en la prensa especializada en temas policiacos y chismes de la farándula, es aún más cuestionable cuando, como dice la investigadora María Jesús Casals, se disfraza de lo que no es: periodismo de referencia, periodismo de investigación o periodismo independiente.

