En noviembre de 2004, el actual delegado de Morena en Tláhuac, Rigoberto Salgado, presentó su renuncia como director de Seguridad Pública en esa demarcación. Llevaba un mes sin presentarse en sus oficinas. Según una nota publicada en esos días por EL UNIVERSAL, “trabajadores y gente de la delegación” aseguraban que Salgado se había escondido “por temor a ser capturado”.
El propietario de una gasera, Enrique Medrano, había interpuesto una denuncia penal en contra del funcionario por el delito de amenazas.
La entonces delegada de Tláhuac, Fátima Mena, decía que Salgado “sólo estaba de vacaciones”. De pronto se supo que el vacacionista había presentado su renuncia. No volvió a saberse de él durante los tres meses siguientes.
En ese tiempo la delegación Tláhuac era sacudida por repetidos escándalos de corrupción. El antecesor de Fátima Mena en el cargo, el ex delegado Francisco Martínez Rojo, se hallaba prófugo de la justicia: se le acusaba de haber cometido un fraude por 29 millones de pesos en el pago de materiales de construcción que nunca fue entregado.
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