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El gobernador conoció a la alcaldesa asesinada desde que era una niña. A Gisela Mota la llevaba de la mano su mamá Juanita Ocampo a los mítines de izquierda que desde hace décadas encabeza en Morelos el hoy mandatario Graco Ramírez Garrido.


Por eso, el gobernador la apoyó para convenirse a sus 33 años en presidenta municipal de Temixco. Y por eso ella le fue leal, al grado de que le costó la vida respaldar a Ramírez Garrido en su política de establecer el Mando Único policiaco en todo el estado, estrategia que no parece gustar mucho a los delincuentes.


Su asesinato fue un mensaje al gobernador. Fue también una amenaza colateral a los alcaldes del sur de esa entidad: Coatlán del Río, Tetecala, Maztepec, Amacuzac (de donde fue presidente municipal Alfonso Miranda, dirigente del PT, tío de El Carrete) y en menor medida Miacatlán, Jojutla y Xochitepec.


Tlaquiltenango merece mención aparte: el gobierno del estado sospecha que el alcalde está amenazado y funge como mensajero de Los Rojos. En el bando de Enrique Alonso Plascencia atribuyen la sospecha a que si bien el munícipe es perredista como el gobernador, pertenece a una corriente rival, la encabezada por el senador Fidel Demédicis. Ayer cuando el Mando Único de Morelos (apoyado por el Ejército, la Policía Federal y la PGR) fue a tomar la policía del municipio, el alcalde salió a enfrentar verbalmente al comisionado estatal de Seguridad, Alberto Capella.


El gobernador asegura que el criminal más peligroso de Morelos, Santiago Mazad El Carrete, líder de Los Rojos, amenaza a alcaldes para que no acepten el Mando Único y que además le den 10 por ciento del presupuesto local. Fuentes de seguridad estatales dicen que también pide nombrar a los jefes de la Policía y Obras Públicas.  


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