¿Podrá el presidente de la República salir del mundo alterno que ha construido y regresar a la realidad en la que la mayoría vivimos?
Ayer, una persona me preguntaba si luego de observar el mal desempeño de la economía y el crecimiento de la pobreza, no lanzaría el gobierno un programa para reactivar verdaderamente a la economía y para mitigar el impacto negativo entre los sectores de menores ingresos.
Mi respuesta fue que no habría razón para hacerlo.
Los pronósticos de los expertos indican que el Producto Interno Bruto (PIB) de México caerá este año en al menos 7 por ciento. Algunos piensan que podría estar la caída en algo así como en 9 por ciento o incluso más.
Se podría considerar entonces que, ante tal realidad, el gobierno emprendería próximamente acciones para evitar un desplome de esas proporciones.
Pero, si el presidente de la República, que es quien realmente toma las decisiones, ha determinado que la medición del PIB ya es irrelevante, entonces esa métrica pierde sentido.
Podríamos caer en 15 por ciento, y no preocuparse. Si para López Obrador esa variable ya no significa nada, entonces no habría razón para emprender un programa específico de reactivación.
Se podría pensar entonces que lo que verdaderamente puede sensibilizar al presidente es el crecimiento de la pobreza. Instituciones como el Coneval y la Cepal han estimado que ésta podría aumentar de modo dramático.
Pero, ayer mismo, el presidente desestimó esas cifras y señaló que esos cálculos se habían basado en metodologías del pasado y que ahora las cosas serían diferentes.
El problema es que, aparentemente, el presidente ha perdido conexión con la realidad, por lo menos en lo que se refiere a las cifras económicas y sociales.
En este espacio le comenté en muy diversas ocasiones que una de las cualidades de López Obrador era su pragmatismo.
Podría tener inclinaciones ideológicas, pero, al final de cuentas, aparecía un filón pragmático que lo conducía a tomar decisiones conectadas con la realidad, y en eso consistía una parte importante de su éxito político.
Hoy, el problema es que aparentemente ese filón pragmático se perdió.
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