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Gil terminaba la semana convertido en un trapo de cocina muy trajinado. Caminó desestructurado y sin fuste ni fusta sobre la duela de cedro blanco y llegó a la bien llamada Mesa de Novedades. En ella estaba la revista Nexos del mes de diciembre. El centro de esta edición lo ocupan tres ensayos sobre el primer año del gobierno de Liópez Obrador escritos por Héctor Aguilar Camín, María Amparo Casar y Javier Tello Díaz. Leídos en conjunto ofrecen una visión analítica seria, crítica y rigurosa del año que hemos dejado atrás y que Gil no duda en llamar el año regresivo. Gamés ofrece tres cápsulas de estos ensayos:

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Un año de gobierno permite revelar muchas prácticas que, aunque hoy quieran justificarse en aras de un bien mayor, del interés del pueblo o de que “las circunstancias son distintas”, hermanan al gobierno actual con los anteriores en muchas formas del ejercicio del poder.

Como todos los anteriores, este gobierno reinventa lo programas sociales para ponerles su sello personal. Si cabe la situación ahora es peor porque antes se registraba una cierta continuidad de programas para la aliviar la pobreza o crear oportunidades —en ocasiones con cambio de nombre— que recibía al aval del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social por sus efectos positivos sobre la población objetivo y ahora hasta estos son cancelados.

Las prácticas clientelares muestran una continuidad respecto a sexenios anteriores cuando no una nueva intensidad. Cada uno de los programas sociales ha sido inaugurado con una ceremonia de entrega en la que el Presidente de la República aparece concediendo el beneficio a un conjunto de personas representativo del sector de la población al que va dirigido el recurso.

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Javier Tello Díaz:

Los dos elementos del proyecto político de esta transformación —su mayoritismo y la democracia plebiscitaria— generan todo tipo de retos y representan múltiples riesgos, tanto para quienes apoyan la transformación propuesta como para los que la cuestionan. Para los opositores del proyecto de AMLO, dado que el reto es interno al propio modelo —es decir, resulta de las tensiones entre sus distintos componentes, así como de simulaciones que impidieron su plena implantación en el caso mexicano— la respuesta no puede ser una mera defensa del estado de las cosas anterior al triunfo de López Obrador. Es necesario tomar nota de las tensiones y simulaciones, reconocer culpas propias y, en consecuencia, ofrecer un modelo renovado y repensado que dé respuesta a reclamos genuinos (…) También hay retos para quien apoya el proyecto de AMLO. De entrada, no queda claro cómo funciona una democracia en la que las elecciones tienen un propósito plebiscitario para ratificar al líder si no hay reelección. Asimismo, el cesarismo que, según Weber, va de la mano de la democracia de liderazgo, es algo que invariablemente divide a la izquierda por más progresista que resulte el César.

Más información: http://bit.ly/2DSRf5q

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