Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil pensaba (empezaron las jactancias) que no le entra en la cabeza que el PRI juegue su resto (cierto que no es mucho) para dejar fuera de la contienda a Anaya. Santos embates, Batman. La secretaria del PRI, Claudia Ruiz Massieu, viajó a Washington a entregar un documento a Luis Almagro, secretario general de la OEA. La coalición Todos por México puso en manos de Almagro una carta en la cual asegura que Anaya pretende inhibir el trabajo de la Procuraduría General de la República ante las investigaciones en su contra por lavado de dinero. Santas mentiras, Batman, diría El Joven Maravilla. Dice Ruiz Massieu: “Es muy grave que en virtud de intereses electorales y para evadir sus responsabilidades ante la ley, Anaya pretenda manipular la opinión pública, usando y abusando de la OEA, una organización indispensable para nuestra región, de la que México ha sido siempre uno de sus principales defensores y colaboradores”.
¿Se perdió de algo Gilga? Hasta donde íbamos, la PGR había desatado acusaciones sin pruebas, o pruebas sin acusaciones, sobre Anaya. A esto se llama uso faccioso de las instituciones (de nuevo Gil lo escribe emocionado) para incidir en el proceso electoral. Resulta que según la secretaria del PRI la cosa es al revés. Cerremos los ojos: ¿qué ven? Nada, el gobierno de Peña Nieto no ha intervenido en la acusación de lavado de dinero de un candidato a la Presidencia.
Acosar y presionar
El priismo, el Presidente, el candidato del PRI y su equipo no acusan recibo: su candidato no ha crecido sino, más bien, decrecido; Anaya perdió un tramo de terreno en la intención favorable del voto y Liópez creció. Ahora mal sin bien: el priismo, el Presidente, el candidato del PRI y su equipo sí acusan recibo y, como ha escrito Gilga en esta página del directorio, prefieren que Liópez gane la elección y arman el caso de Anaya. En los mentideros se dice que vendrá una nueva andanada contra Anaya y su familia. Gil se pregunta si observar el acecho de la PGR sobre Anaya lo convierte en un analista. No, lo convierte, más bien, en un observador de cómo el aparato de gobierno acosa e intenta arrinconar a un candidato. ¿Cómo la ven? Dicho esto sin la menor intención de un albur acechante.
Más información: http://bit.ly/2pccIyg
