Acaba de cumplirse un año de los sucesos de Tanhuato. Tampoco en este caso se sabe a ciencia cierta qué ocurrió. Se siguen barajando dos versiones. La primera dice que en aquel municipio de Michoacán hubo un enfrentamiento entre sicarios del crimen organizado y elementos de la Policía Federal —que derivó en la muerte de 42 delincuentes y un agente federal—.
La segunda habla de una ejecución extrajudicial con la que las fuerzas del estado habrían vengado la emboscada que el Cártel Jalisco Nueva Generación, CJNG, tendió en Ocotlán a un convoy de la Gendarmería: un ataque del que resultaron 11 muertos.
Documentos que obran en el expediente indican que el 21 de mayo de 2015, la dueña del rancho El Sol presentó una denuncia ante la delegación de la PGR en Jalisco: cuatro días antes habían ingresado a su rancho entre 25 y 30 hombres armados. Le habían enviado un mensaje: “que el rancho de El Sol ya era de ellos”.
En el expediente figura también la declaración de Ramón Alejandro Alejandre Macías, presunto halcón del CJNG. Alejandre indica que tras la emboscada a la Gendarmería, los hermanos Guerrero Covarrubias, jefes regionales del cártel (sus nombres: Alonso, Javier, David y Leonardo) “se desterraron de Ocotlán” y se refugiaron en Tanhuato. De acuerdo con Alejandre, cada uno de los hermanos iba escoltado por diez o 15 camionetas con diez hombres armados. Cuando los Guerrero Covarrubias se refugiaron en el rancho El Sol, Alejandre llegó a ver, aseguró, “unos 600 sicarios”.

