Delfina Gómez, la candidata de Morena a la gubernatura del Estado de México, se reunió a cenar, la semana pasada, con un grupo amplio y variado de periodistas. El tema que devoró buena parte de la conversación fue el diezmo que, como presidenta municipal de Texcoco, descontó a sus trabajadores.
Sobre este punto, que alguien consideró como uno de los peores “usos y costumbres” de la política mexicana —recuérdense los años en que Andrés Manuel López Obrador sometió a los empleados del GDF a esta suerte de pago de tributo— la maestra Gómez se mostró ambigua e incierta.
No tenía claro, para empezar, si lo que había autorizado era o no algo ilegal. Luego armó que los propios trabajadores le habían pedido que les descontara el 10% de su salario para apoyar programas sociales relacionados con la niñez y las comunidades indígenas.
—¿De verdad le fueron a decir: “Maestra, por favor, descuéntenos el 10%”? —le preguntó alguien.
—Así fue —respondió la candidata. Más tarde admitió que la suma recaudada era depositada en cuentas particulares.
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