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El martes en la tarde, cuando el equipo de Donald Trump notificaba a Los Pinos los detalles de su visita a México del día siguiente, la canciller Claudia Ruiz Massieu se encontraba en Estados Unidos


Pero no estaba en las oficinas de campaña del candidato republicano negociando los pormenores del evento. La secretaria de Relaciones Exteriores se encontraba en Milwaukee, inaugurando un consulado, a 3 mil kilómetros de Trump y su staff, que hacían proselitismo en el estado de Washington. Le cayó por sorpresa la noticia de que el magnate aceptaba la invitación. No lo supo ella, no lo supo el embajador Carlos Sada, no lo supo el subsecretario de América del Norte, Paulo Carreño.


Unas horas antes de hacerse oficial, tampoco lo sabía el vocero presidencial, Eduardo Sánchez, a pesar de que se trataba de un asunto que necesitaba sobre todo una estrategia de difusión que mitigara el rechazo popular.


No lo sabía el gabinete. Al grado que cuando se les notificó, entre algunos hubo desconcierto y entre otros franca desaprobación. Esto explica los rostros de luto que exhibieron en la primera fila de la conferencia de prensa.


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