Es Alejandra Barrales la mejor dirigente que podría tener el PRD no sólo porque tiene base social en las filas y es una militante fiel en los momentos en que gozó de cargos y en los que sufrió desprecio, sino también en el contexto de falta de identidad que registra el partido:
1.- Porque el PRD viene de ser encabezado durante siete meses por Agustín Basave, alguien sin pedigrí perredista que buscó oxígeno a través de alianzas con la derecha en lugar de recomponerlo con sus propias bases.
2.- Porque significaría una renovación verdadera. Sería la primera vez desde 2008 que no controlen el partido Los Chuchos, con quienes el PRD eslabonó los peores resultados electorales de su historia: todo ha sido perder.
De 2006 a 2015 perdió en la Cámara de Diputados 38 curules y ocho por ciento de representación, aunque terminó las elecciones presidenciales de ese lapso como segunda fuerza política del país, con AMLO como candidato.
Y en las elecciones del 5 de junio participó con candidatos propios en siete estados y en cinco aliado al PAN: solo no ganó nada, en tres alcanzó la victoria en coalición pero con candidatos puestos por el PAN. En los dos que designó abanderado, perdió.
En alianza ganó con figuras designadas por el PAN y todas expriistas: Quintana Roo con Carlos Joaquín, quien dejó el PRI unos días antes; Durango con José Rosas Aispuro y Veracruz con Miguel Ángel Yunes Linares.
Además, perdió 61 ayuntamientos y fue superado por Morena como primera fuerza política de la izquierda en el país (un millón 706 mil 952 sufragios por 457 mil 486) a pesar de que el PRD tiene 27 años de fundado y la organización de AMLO apenas dos con registro como partido.
En este momento de derrumbe el PRD requiere de alguien de casa y ajeno a Los Chuchos, como Barrales, una política progresista que durante su periodo como presidenta de la Asamblea Legislativa consiguió aprobar reformas al Código Penal del DF para encarcelar a esposos o concubinos golpeadores.
Barrales también es conocida por la ciudadanía, tiene amplísima base social y sabe amarrar alianzas, cabildear y manejar muchedumbres, lo cual va de la mano con sus habilidades no sólo para saber controlar recursos, sino también para encontrarles el destino exacto a la hora de buscar apoyos.
Además es negociadora: aun cuando perdió la interna de 2012 para la jefatura de Gobierno con Miguel Mancera, no tuvo objeción en incorporarse a su equipo como secretaria de Educación, puesto desde el cual tiene a la CDMX con la mejor calificación del país.
El PRD actual no puede darse el lujo de improvisar.
Ante ese predicamento, tiene a Barrales para no fallar.
Este artículo fue publicado en La Razón el 1 de julio de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
