El expresidente López Obrador decidió reaparecer. No para hablar de México, no para referirse a los problemas que dejó pendientes, no para asumir costos ni explicar decisiones. Reapareció para defender al gobierno cubano y pedir donativos para enviarlos a la isla.
Mientras Cuba vive apagones, escasez, represión y un deterioro económico que ya obligó al propio régimen a buscar diálogo con Estados Unidos, AMLO decidió colocarse del lado del gobierno opresor que mantiene a su población sin libertades. No del lado de la gente que protesta, que exige cambios, que quiere libertad y respirar.
Su mensaje no sorprende por el contenido —ya conocíamos su simpatía por el comunismo y La Habana—, sino por el momento y la intención. Habla de “exterminio” contra el pueblo cubano, cita a Lázaro Cárdenas y difunde una cuenta bancaria para que los mexicanos aporten dinero. Todo esto mientras en México seguimos lidiando con graves problemas que él mismo dejó abiertos.
Y hay un punto que no se puede ignorar: México ya tiene suficiente tensión en estos momentos con Estados Unidos como para sumar un frente innecesario.
La relación con el vecino del norte está en un equilibrio frágil, con temas migratorios, comerciales y de seguridad que requieren mucho cuidado.
En ese contexto, que AMLO reaparezca para defender a un régimen autoritario no solo es inoportuno; es una torpeza que nos puede muy costar mucho.
Hoy México no necesita más problemas ni más motivos para complicar una relación que ya de por sí es difícil.
Hoy Cuba necesita libertades, no este tipo de expresiones. Necesita recuperar sus instituciones, y no consignas populistas. Necesita que el mundo deje de lamentar su añeja tragedia. Y México necesita que sus expresidentes entiendan que no deben de intervenir y respetar al gobierno en turno porque sus palabras tienen peso y consecuencias.
Lo que vimos hoy no es solidaridad. Es una defensa política a un régimen que no permite disentir. Y eso, en pleno 2026, debería de avergonzarnos e indignarnos a todos.


