miércoles 12 junio 2024

Bicentenario de la Consumación de la Independencia de México Séptima parte

por Manuel Cifuentes Vargas

Bendito mestizaje el nuestro

  1. Enaltecer nuestro mestizaje

Como nación mexicana, no somos solo indígenas, ni completamente españoles, como tampoco predominantemente afrodescendientes. Más bien, estas son las tres primeras raíces genéticas de los mexicanos sociológicamente como nación y políticamente como país. Esa es nuestra composición prismática de matices plurisociales y pluriculturales, pero con un solo rostro como nación, que es lo que caracteriza a nuestro mestizaje.

Es lo que hoy verdaderamente somos en México. Mestizos por naturaleza y por antonomasia. Somos en números redondos 126 millones de mexicanos, de los cuales somos 124.2 millones de mestizos; esto es, el 93.9% de la población total y 1.8 millones de población de origen más indígena; es decir, el 6.1 de la población; mientras que, de este universo, el 2% de la población total, se reconoce así misma, afromexicana y/o afrodescendiente.[1]

No puede ser de otra manera, pues somos lo que somos; una mezcla, en una primera fusión racial, de estas tres razas antiguas. De las que en ese lejano tiempo se podría presumir que todavía había más pureza en la genética del ser humano. En nuestro cuerpo solido existen y por nuestra sangre corren estos tres primeros genes de las razas que confluyeron en este territorio por aquellos tiempos de conquista y colonización.

FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

Y con estos hechos irrefutables, se empezó a dar vida y rostro a una nueva nación; genes a los que con el tiempo, después paulatinamente se fue sumando la oriental a través de  las corrientes migratorias y de la  pujanza del comercio; y después con una pluralidad mayor de genes que se han ido agregando a nuestra actual configuración genética, como con las invasiones que padecimos en el Siglo XIX y la permanencia en nuestro territorio de integrantes de esos ejércitos al retirarse, así como con las continuas  y masivas migraciones que hoy se presentan por todo el mundo.

Por otro lado, y a propósito de denominaciones, he dicho en otro tiempo y en otros espacios, que muchas veces con palabras coloquiales malamente solemos decir, cuando nos referimos a España, como “la madre patria”, siendo más bien, desde el punto de vista biológico, en sus inicios, el padre patrio, porque los que primero nos engendraron fueron hombres españoles y mujeres indígenas. Quien primero parió físicamente al mestizaje en sus orígenes en esta tierra nuestra, fueron las mujeres indígenas. Salimos y nacimos de las entrañas de nuestras madres indígenas. Por ello más bien es a la inversa, esta tierra es nuestra madre patria como mestizos, y España es nuestro padre patrio.

En efecto, con la conquista primero llegaron hombres españoles y esclavos africanos al antiguo Anáhuac, por lo que su relación fue con mujeres indígenas. Después, con el tiempo, llegarían mujeres españolas y africanas, con lo que, además de la relación natural que existió con los de su propia raza, ésta también se dió a la inversa. Fue así como se formó nuestro mestizaje, al margen de que hasta la conclusión de la colonia, se le haya encajonado por castas sociales. Finalmente somos el resultado de todos esos contactos físicos, fluidos y esencias humanas en estas tierras mesoamericanas.[2]

  1. Hoy somos más universales

Con las migraciones, y además con la infinidad de eventos de temporada por la realización de reuniones políticas, económicas, educativas, culturales, de investigación, deportivas, recreativas, de esparcimiento y turísticas mundiales, entre otras de la más diversa carectología, más se da la proliferación de genes por donde quiera. El mestizaje en el mundo, biológica e incluso en alguna medida culturalmente, porque este ha enriquecido a las culturas autóctonas y a las de las actuales naciones del mundo, ha sido producto del tiempo y de sus circunstancias. ¿Quién podría presumir hoy que es una nación pura sangre?, si lo que hoy existe es una fundición de fluidos y esencias genéticas originarias y mestizas por todo el mundo.

Por eso, hoy podemos decir que los humanos en nuestra composición genética somos cada vez más globales; más universales; más personas del mundo, independientemente de que tengamos la predominancia primigenia de uno o unos de ellos, que son los que nos dan una particular identidad como pueblos o como naciones. Repito, ¿hoy quién se podría atrever a afirmar categóricamente y con toda certeza, que su sangre es de una pureza inmaculada?

Son miles de años de corrientes migratorias las que han existido con variados propósitos, así como de frecuentes conquistas y asentamientos humanos en los territorios conquistados. En algunos lugares y épocas ciertamente más asiduas que en otras, como por ejemplo las que hoy vivimos por cuestiones políticas, humanitarias, por necesidad de alimento y de mejor vida, por lo que me atrevo a pensar que difícilmente podríamos encontrar un país socialmente virgen en este sentido. Para decirlo con otras palabras, de una raza o nacionalidad pura sangre. No hay garantía de que se tenga un solo gen aborigen y/o doméstico.

Pero así nació la humanidad sedentaria; primero con pequeñas comunidades primitivas y conforme fue pasando el tiempo se fueron ensanchando, producto de las ligas y alianzas, ciertamente forzadas unas, así como resultado de las conquistas, hasta llegar a la formación de grandes reinos e imperios, y luego de las disgregaciones de éstos, hasta llegar a nuestros tiempos con los actuales estados-nación amplios que conforman la fisonomía político geográfica del mundo.

Los genes no son sedentarios ni tienen fronteras sociales ni políticas por más que se les quisieran imponer. Nunca lo han sido, son migrantes. Así nacieron con el surgimiento nómada del hombre, que se extendió y los esparció por todo el mundo.

El mundo en alta medida ya es mestizo. Algunos con un gen más acentuado, pero al final del día, podríamos decir que en este tiempo y en este sentido, somos un mundo mestizo.

III. Independencia mestiza[3]

Tal y como ya lo hemos expresado en otros espacios y foros, logramos la independencia de nuestro país, pero ya con una nueva configuración y fisonomía nacional, compuesta por una mixtura de razas predominantes como la autóctona de estas tierras, la española como segundo basamento y adicionalmente sumada la africana. Esta es la trilogía genética de nuestro mestizaje, aunque posteriormente se fueron agregando otros como consecuencia de las continuas migraciones en el tiempo. Finalmente, hoy somos ya el resultado genético de cuatro continentes.

Somos una sola nación plural y diversa compuesta de genes pluriraciales; para decirlo de otra forma, plurisociales y culturales. Pero somos, por mucho, mayoritariamente mestizos. Y unos más mestizos que otros; y muy pocos probablemente puedan ufanarse de conservar sus genes y sangre puros, inmaculados. Me atrevería a pensar que quizá ni las etnias más directamente herederas de pueblos originarios, porque los genes con el tiempo se han esparcido; se han regado por doquier y se han multiplicado en una enorme variedad de matices. Y tan es así, que en muchas de ellas encontramos, por ejemplo, apellidos castellanizados o de otros orígenes idiomáticos, con colores de ojos y de piel entre ellos mismos, de una pigmentación distinta a la de sus antepasados.

Todo esto lo apunto, porque por momentos pareciera que nos embarga el desconsuelo y nos quejamos de lo que somos, y hasta quisiéramos que no hubieran sucedido los hechos de los cuales somos su producto. Así de simple, México ni todos los países del continente americano existirían, si no hubiera venido a este continente Cristóbal Colón y la consecuencia de su descubrimiento para el mundo antiguo; esto es, los conquistadores españoles, que colonizaron la mayor parte de este continente con sus islas inmediatas y mediatas; y que, a raíz de ese suceso, más tarde llegarían otros, como los portugueses y los ingleses con el mismo fin colonizador.

FOTO: GALO CAÑAS/CUARTOSCURO.COM

Insisto, lo que nos debe quedar claro, es que si Colón no lo hubiera hecho, tal como está registrado, el 12 de octubre de 1492 en que se tuvo a la vista a la nueva tierra, tarde que temprano hubiera llegado otro u otros igualmente por aquellos tiempos, con el mismo propósito. Quien sabe de qué nacionalidad o continente, pero lo hubieran hecho otros, ya europeos o asiáticos.

Era la avidez de mayor conocimiento, pero también la dinámica política y económica de aquellos tiempos de exploración, descubrimientos de nuevas tierras y de conquistas, de dominios y de expansión, desde luego, con sus respectivos claroscuros. Pero esos fueron sus tiempos y circunstancias, como distintas son las nuestras, y que seguramente cuando volteen a vernos por el espejo retrovisor las futuras generaciones, nos juzgarán también a nosotros reprobando algunas de nuestras actuales facetas que hoy a nosotros no nos parecen malas. Es la ley de la vida, y de sus estadios de civilización y cultura.

Ese ha sido el costo y/o el precio de la inexorable evolución humana; sobre todo la de aquellos tiempos. Pero no por eso vamos a renegar de nuestro pasado y de nuestro ADN social, ni tampoco nos la vamos a pasar siempre quejándonos de nuestro origen social; porque somos lo que hoy somos: una nación única con diversos rasgos fisonómicos derivados del efecto de los tres continentes que le dieron origen al mestizaje mexicano, y que hoy es el que nos da nuestra peculiar identidad sociológica como nación y político-jurídica como país.

De no haber sido por esos hechos, hoy no existiríamos y, por lo tanto, no estaríamos aquí, “vivitos y coleando”, como dice la voz del pueblo. Nada va a cambiar. Vamos a seguir siendo lo que felizmente somos; el corolario de esos tres genes primarios. La herencia genética es imborrable y no obedece a ideologías. Bendito mestizaje el nuestro.


[1]. Datos del censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI. https://politica.expansion.mx/mexico/2021/01/25/la-poblacion-mexicana-asciende-a-126-millones-de-habitantes-inegi  EXPANSION politic Revista Digital

[2]. Cifuentes Vargas, Manuel. Los pueblos indios en el constitucionalismo latinoamericano. Revista LEX. 3ª. Epoca. Año I. Noviembre 1995. Número 5. México. PP. 21-25.

Cifuentes Vargas, Manuel. Los pueblos indios en el constitucionalismo mexicano. Primera parte. Revista LEX. 3ª. Epoca. Año I. Octubre 1995. Número 4. México. PP. 27-35.

Cifuentes Vargas, Manuel. Los pueblos indios en el constitucionalismo mexicano. Segunda parte. Revista LEX. 3ª. Epoca. Año I. Diciembre 1995. Número 6. México. PP. 67-72.

Cifuentes Vargas, Manuel. Patrimonio cultural; esencia y símbolo de unión nacional. “En busca de la decencia política. El ser y el deber ser de cada día.” Edición del Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde. Gobierno del Estado de Zacatecas. México. 2012. PP. 186-215.

[3]. Cifuentes Vargas, Manuel. Miguel Hidalgo y Costilla: Creador y promotor de instituciones nacionales. “En busca de la decencia política. El ser y el deber ser de cada día.” Edición del Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde. Gobierno del Estado de Zacatecas. México. 2012. PP. 415 – 431. Conferencia dictada en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). 19 de octubre de 2010. Homenaje a Miguel Hidalgo y Costilla, en el bicentenario del inicio de la Independencia.

También te puede interesar