Creo que bastantes escritores contemporáneos en el mundo deben mucho más de lo que podrían aceptar a Charles Bukowski. Estoy seguro de que lo mismo sucede con una buena parte de ellos en México- No tiene caso precisar porque de cualquier forma la gratitud no es algo que se exija. Lo central son las atmósferas literarias que se generan aquí (y sin duda su autenticidad).
Muchos de quienes leen esto saben que varios famosos son eficaces en la construcción de su imagen haciéndose pasar como escritores provocadores, iconoclastas incluso y con el adjetivo preciso en la punta de la lengua y en el teclado. No obstante digo lo obvio: ser soez como el memorable escritor alemán avecindado en Los Angeles, no los hace ser escritores. Groseros sí, simpáticos si se quiere y hasta famosos, pero escritores no. Porque hasta construir la escena donde a final de cuentas lo que importa es el culo de cierta mujer con las carnes opulentas en las regiones donde es debido, requiere algo más que el chiste fácil y hablo de creatividad, cadencia y estilo, elementos que rebasen el gorjeo de los pericos, como los que Chinaski debió liberar aquella aciaga noche en la que abandonó a Joyce, y a dos millones de dólares (Desde luego, me refiero al Cartero del escritor maldito).
Tomo como pretexto que hace unos días fue el aniversario del nacimiento de Bukowski (1920-1994) para remitirme a las poses de varos de nuestros escritores compatriotas. Sin duda que no es lo mismo relatar un maratón sexual con doncellas formidables (y otras no tanto) que conduce a Chinaski al verdadero amor –como hace Bukowski en Mujeres– que narrar las peripecias de un hombre que cuenta siempre con el infortunio de encontrarse a puro pendejo y de tenerle miedo a los animales.
Una de esas estrellas literarias que se preocupan más por promover su imagen a través de ciertos desplantes de autenticidad, dijo hace tiempo que después de él no había escritores que en México valieran la pena. Más allá de la modestia de ese (supuesto) encumbrado, y de sus groseras formas para llamar la atención, estoy seguro que en México hay escritores excelentes, unos contemporáneos suyos –no cito nombres porque pudiera faltarme alguno, solo presumo que varios escriben en la revista que dirijo y otros en las que considero las mejores publicaciones del país: Replicante, Letras Libres y Nexos. Y también estoy seguro de que hay jóvenes con extraordinarias dotes literiarias que al menos a mí como lector me han dado mucho, entre otros ejemplos que motivan, la osadía para explorar otros vericuetos que los de Chinaski en su adaptación mexicana. Tampoco menciono nombres, pero de muchos de ellos y de ellas me seduce la forma en cómo construyen atmósferas para develar un sentido de búsqueda que va mucho más allá de un alter ego exitoso para dispararse en situaciones insospechadas que retratan bien las preocupaciones contemporáneas. No están desprovistos de humor ni de fantasías, pero junto con ello una de sus virtudes es que no tiran netas ni tratan de imitar a nadie, sólo comparten historias (pronto las desmenuzaré). Con una calidad e intensidad y con un sentido de búsqueda que mucho reconozco. Y agradezco.
