Etcétera

Cuauhtémoc Blanco y el surrealismo

Los seguidores de Cuauhtémoc Blanco dicen: “si de por si los políticos son unos ratas, ¿por qué quitarle la oportunidad a nuestro ídolo? (…) No es muy hábil con la retórica, pero sí con los pies (…) Además, ¿quién dice que para ser alcalde se necesita ser culto o intelectual?”.

Es el mismo tipo de excusa que se usaba para defender a nuestro presidente Peña Nieto por sus limitantes, pero ojo: ¡”el “Temo” no se puede meter en el mismo costal!

Peña, nos guste o no, tiene una carrera política… que deja mucho que desear, es cierto, pero no se debe comparar el caso.

Peña Nieto lleva años de adiestramiento con el grupo Atlacomulco, fue gobernador del estado de México, y pues ahora, muy a nuestro pesar, es la figura que nos representa…

Está muy bien que los mexicanos tengamos al fútbol (y a algunos jugadores) junto con la virgen de Guadalupe, como los pilares de nuestra fe, de nuestro optimismo. Lo escandaloso del asunto es que se ha elegido a un futbolista como alcalde de una de las ciudades más complicadas del país por los problemas que viene arrastrando por la ineptitud de las autoridades para resolver el tema del crimen organizado.

Pero México, ya se sabe, es un país completamente surrealista, y este es el botón de muestra de que muchas de las decisiones que tomamos parecen (como lo proponía André Bretón) salir del subconsciente de los individuos sin pasar por el filtro del raciocinio.

La pregunta aquí es: ¿qué sector de la población está convencido de que “El Cuau” es la mejor opción para gobernar su ciudad por tres largos años?

¿Los hinchas que, en un rapto de calentura pambolera, vieron realizados sus sueños cascarines de que el “presi” presente acuerdos de cabildo para que el fut se convierta más que en un divertimento, en una obligación ciudadana?

Imagino que quien emitió su voto por el Social Demócrata no escuchó jamás cómo hablaba el candidato y sólo recreaba en su mente la imagen de las suertes que el futbolista hacía en el campo y su manera socarrona de festejar los goles.

¿Qué ha hecho bien Cuauhtémoc Blanco aparte de mover el balón?

Fue actor en una telenovela de Juan Osorio y fracasó hasta en el arte de interpretarse a sí mismo.

No podía articular bien un solo parlamento soplado por el chícharo.

Fue galán de las mujeres más voluptuosas de ese gran bastión de la cultura en México llamado Televisa. La Nacha Plus lo tildó de desleal y patán, mientras que la “Gali” lo acusó con Tv Notas de violencia doméstica.

Fue comentarista y nuevamente tuvo problemas con el teleprompter.

En conclusión, la única virtud que tiene nuestro personaje es que “conecta” con las masas salvajes que ven en el fut la salvación al hartazgo cotidiano.

“Si los políticos chingan, mejor que nos chingue “nuestro Chanoc” (..)”, murmuran en las redes.

Lo grave del asunto no es que Blanco carezca de tablas políticas, si finalmente tendrá una planilla de regidores que amortiguarán sus tarugadas…

Lo que es increíble es que el pueblo Tlahuica haya puesto en manos de un semi analfabeto su futuro como ciudad.

Y no es que satanice el caso, pero como dice Borges: “El futbol es popular, porque la estupidez es popular”.

#Suerteahí

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