El buen manejo de la información por parte del gobierno de la CDMX impidió que (como ocurrió en el caso Narvarte) se desataran los fantasmas en el caso de la chica colombiana que se lanzó de un cuarto piso en la colonia Nápoles y que, muchos, ya empezaban a configurar como “feminicidio”.
Desafortunadamente, Stephanie Magon enloqueció por el efecto de sustancias en una fiesta y se precipitó al vacío. No fue asesinada a golpes, lo cual habría tipificado el suceso como “feminicidio”, pues el cadáver apareció desnudo y con varias fracturas en el cuerpo.
Tan desafortunado como el hecho de que dos activistas políticos estuvieran presentes en el departamento de la colonia Narvarte, donde hace un año se produjo un sonado multihomicidio. Ambos fueron asesinados al ser confundidos con personas vinculadas a asuntos de drogas.
No fueron asesinados por algo relacionado con sus actividades (Rubén Espinosa era un fotógrafo que eventualmente publicaba en algún medio y Nadia Vera era activista social), lo cual habría tipificado el suceso como “crimen político” o “contra la libertad de expresión”.
Sin embargo, el caso de Stephanie Magon estuvo a punto de convertirse en un tema de golpeteo político luego de que ayer el presidente del Tribunal Superior de Justicia capitalino, Édgar Elías Azar, dijera que no se había tratado de una caída, sino de un empujón.
Ya se sabe: un error provoca otro error hasta que se forma una cadena de errores. Éste pudo ser el caso, sólo que el Tribunal Superior de Justicia capitalino, aclaró enseguida que según la necropsia del cadáver, los golpes en el cuerpo “muy probablemente son producto de una precipitación”.
De no haber sido por esta aclaración, puntual y rápida, el caso Nápoles se habría viciado y convertido en un problema político, sin la menor sombra de serlo, como se convirtió el caso Narvarte en sus primeras semanas, por grupos interesados en sacar raja política.
Lo que sucedió en el caso Nápoles fue una desgracia de la vida: la explicación pericial es que hubo un impulso de la propia Stephanie Magon al borde de la barda del departamento y, en su trayectoria, hizo contacto con un árbol que la proyectó a plena calle.
También el caso Narvarte debió ser explicado de manera rápida y contundente, en sus primeros días, para evitar lo que vino después: a un año, y luego de un impecable trabajo de la PGJCDMX para esclarecerlo, mantiene relevancia mediática, con las tintas políticas recargadas.
Si hoy los perseguidores políticos de oportunidades no están hablando de un “atroz y condenable feminicidio” en la ciudad que gobierna un competitivo aspirante presidencial, no es solamente porque la policía trabajó bien y rápido.
Es porque se informó bien, claro…
Y a tiempo.
Este artículo fue publicado en La Razón el 04 de agosto de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
