El mensaje (in)completo de EPN

Comenzó por los cambios cantados del gabinete, la unción del canciller in pectore, aprendiz de diplomático (The Apprentice, diría Trump), cerró con lo apremiante y sustantivo para la mayoría, el miedo a la carestía diaria encendida por el gasolinazo; su estela de protestas y vandalismo que roban agenda detonando miedos mayores.


Enrique Peña Nieto en modo serio, grave, gesto adusto y voz enérgica, nos dejó claro que el gasolinazo 2017 fue amarga decisión que ni el Presidente ni nadie en el gobierno hubiese deseado, pero (siempre hay un maldito “pero”) el volátil entorno financiero global la forzó con todas sus consecuencias, pero (otro “pero”) sin la cual las secuelas adelante serían peores, más dolorosas y costosas. O sea, algo como “no hay mal que por bien no venga”.


Enrique Peña Nieto pidió al pueblo escuchar explicaciones y razonamientos que el ¿gobierno? (José Antonio Meade) ha dado desde que en inocentes y festivos días la bomba fue lanzada entre brindis y desatención informativa. Ni mención alguna a festivos discursos recientes que proclamaban el fin de los gasolinazos. Comprensión por el malestar, sí.


Presidente que encabeza, una vez más, la narrativa oficial que le correspondería a un amplio frente de funcionarios articulados a una sola voz, pero no, el vocero del Presidente, del gobierno, se llama Enrique y se apellida Peña Nieto.


Ojalá el mensaje presidencial hubiese anunciado también severas medidas de austeridad oficial sin precedente, la cancelación de vales de gasolina para diputados, senadores y demás fauna burocrática, la prohibición de bonos, compensaciones y prebendas propias de un gobierno rico, recortes sustantivos para gastos discrecionales de altos funcionarios, un llamado a otros poderes, entidades y funcionarios del Estado para renunciar a todo lujo tóxico, a ser empáticos con el pueblo que ahí los puso. Pero “ojalá” es aberración, sueño frustrado.


- El regreso del Jedi (pronúnciese yedi). La fuerza está de vuelta. En el fantástico mundo de Star Wars, los Jedi son aquellos maestros de luz y sabiduría capaces de enfrentar al lado oscuro de la fuerza, a los Sith, a los malos entre malos, poderosos empecinados en destruir todo lo justo.


En el imperio de poder del Presidente Peña Nieto el Jedi por excelencia es y será Luis Videgaray, el Jedi-Garay de EPN está de regreso, aunque, como muchos apuntan, no puede volver quien nunca se fue.


El todopoderoso secretario, ese aprendiz de diplomático que mueve fichas más allá de sus ámbitos nominales, es formalmente nuevo canciller y, por tanto, el encargado de enfrentar a la Estrella de la Muerte, esa nave intergaláctica en la que el malévolo Donald Trump ha convertido a Estados Unidos.


Un Jedi-Garay para enfrentar a un Darth Trump. Santo de alta devoción presidencial, mas no santidad milagrosa, excepto que su milagro sea hacerse con la candidatura priista para la presidencia. ¡Retorno de película!



 


Este artículo fue publicado en La Razón el 5 de enero de 2017, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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