El obradorato

En las filas gubernamentales y entre la dirigencia del partido oficial corre la monserga del obradorato, entendido éste como el predominio obradorista extendido hacia los próximos sexenios. Ya el boquiflojo senador Félix Salgado Macedonio anunció que López Obrador regresará a la silla presidencial en 2030 y que lo hará “por aclamación”. Descontando balandronadas, no cabe duda que el grupo en el poder pretende medrar a la sombra de López Obrador e instalar para ello un monopolio político de carácter autoritario.

Plutarco Elías Calles pretendió eternizar su poder sin recurrir a la reelección. Presidente de la República de 1924 a 1928, el asesinato de Álvaro Obregón (cuando éste era el presidente electo), permitió a Calles decidir quiénes ocuparían la silla presidencial desde 1928 hasta 1934.  Así, las administraciones del presidente interino Emilio Portes Gil, de Pascual Ortiz Rubio y de Abelardo L. Rodríguez, fueron parte del llamado Maximato, bautizado así porque, luego de abandonar la presidencia, Calles se hizo llamar nada más ni nada menos que “Jefe Máximo de la Revolución”. Como tal, gobernó los destinos nacionales, aunque en Palacio Nacional despachara uno de sus testaferros o prestanombres.

mostbet mostbet mostbet mostbet

En ese lapso, además de quitar y poner a conveniencia a los titulares de las principales dependencias del gobierno, del ejército, la judicatura y el Congreso de la Unión, Calles mantuvo cercanía con las fuerzas armadas, con los cacicazgos locales que controlaban los territorios y las elecciones, y patrocinó la formación del Partido Nacional Revolucionario, el partido oficial creado y amamantado desde el gobierno. Este partido resultó ser la parte esencial de una democracia simulada que garantizó, a las buenas o a las malas, el triunfo de los candidatos oficiales.

Bien analizados, son ingredientes similares entre el Maximato y el anunciado obradorato los siguientes: 

1) El liderazgo forjado desde la Presidencia de la República y ejercido aún después de abandonarla (Calles desde su rancho en Cuernavaca o su residencia en la colonia Anzures, AMLO desde Palacio Nacional y después, según lo anunciado, desde su rancho La Chingada en Palenque). 

2) El cierre de filas con las fuerzas armadas, refaccionados sus mandos con jugosas oportunidades de negocios. 

3) Una democracia simulada, que Calles ejerció a través de su alianza con los cacicazgos locales y que López Obrador pretende realizar con la mutilación y el debilitamiento del INE. 

4) El florecimiento de un partido oficial como único canal de promoción de los políticos del grupo en el poder,

Pero, si bien el obradorato incluye la variante callista del presidente títere (con el apunte de que ese cargo de apariencia lo ocuparía una mujer), el proyecto incluye un aire porfiriano consistente, de acuerdo con lo revelado por Salgado Macedonio: “Regresará en 2030 y será por aclamación”, ha dicho el prócer de los centros botaneros de Guerrero. De concretarse esta maniobra (por demás inconstitucional), López Obrador regresaría a Palacio Nacional como en su momento lo hiciera Porfirio Díaz, cuando en su larga dictadura de 30 años hizo un paréntesis y, entre 1880 y 1884, dejó a su marioneta Manuel González en calidad de “encargado del changarro”.

Desde el punto de vista histórico, la idea del obradorato es una aberración, igual que la del Maximato y la dictadura porfirista. Desde el punto de vista del progresismo, representa una regresión reaccionaria. Pero, desde el punto de vista político, el pretendido obradorato es una ofensiva en toda regla en contra de la Constitución, la democracia y los derechos humanos. Ya lo estamos viendo.

Cincelada: Error de las cúpulas del PAN y del PRI el repartirse las candidaturas excluyendo al PRD y a la sociedad civil. Voraces, parten el pastel aun antes de amasar los ingredientes.

Autor

Scroll al inicio