El racismo de la autodenominada izquierda mexicana, en relación con las manifestaciones del domingo pasado, es uno de los registros más relevantes de la pobreza de nuestro intercambio público.
No exagero. Pero advierto que no me refiero a la grotesca división que algunos hicieron entre perfumados y mugrosos -donde la fragancia exquisita es de los sectores pudientes y los sucios son casi como los pobres de Juan Orol o Ismael Rodríguez-. Tampoco aludo a esas otras groseras pantomimas -que reflejan más complejos que humor- sobre el atavío de los marchantes del domingo o su condición social que les permitiría llegar en autos de lujo a la avenida de Reforma; estoy convencido de que nada más con reseñar tales imprecaciones es clara la falta de inteligencia y madurez para comprender que el otro, sea quien sea, tenga lo que tenga y sostenga lo que quiera, tiene derecho a manifestarse, vale decir, que no existen las concentraciones buenas y las concentraciones malas: en la democracia se procesan demandas sociales e intereses plurales y diversos.
Entonces, cuando escribo racismo tengo en cuenta la ideología que considera razas o color de piel que son superiores a la de otros. Por ejemplo (y hoy en Milenio diario también lo cita Gil Gamés) Ricardo Raphael de la Madrid y sus cuestionamientos a la manifestación "Vibra México" porque las personas casi todas ellas marcharon de blanco -lo cual no es verdad- pero sobre todo por su señalamiento de que quienes se manifestaron en su gran mayoría tienen visa -como si eso fuera pecado o como si el derecho de admisión para una marcha fuera no tener papeles o vayan ustedes a saber qué más- y son de piel blanca; así como ustedes lo leen, de piel blanca.
Con el mismo enfoque racista y las mismas limitaciones ideológicas de la autodenominada izquierda podría decirse que Ricardo Raphael nació en pañales de seda, integra desde niño la élite política mexicana y además es blanco (y gordito, lo que podría retratarlo como un acomplejado). Pero ya quedamos en que esos lentes opacan la claridad con la que, en democracia, vale comprender a quien piensa distinto y no por su color de piel o su origen social. Desde luego que Ricardo Raphael no explica qué tiene que ver el pigmento humano con las convicciones, para él se expresaron mujeres y hombres blancos que desdeñaron los tacos y tlayudas (otra vez, como si los tacos fueran distintivo de "Nosotros los pobres" y el Sushi de "Ustedes los ricos", en donde pertenecería sin duda el pariente del ex presidente de México).
Eso no sólo es discriminación, también es racismo, suponer que la antípoda de esas condiciones social y física son superiores implica una descalificación que nada tiene qué ver con las ideas y se sitúa en el extremo, que se junta con el racismo de Donald Trump.
Pues mal, esa vertiente autoritaria y racista tuvo su parte para explicar el fracaso del llamado a la unidad nacional.
