“La televisión premia y promueve la extravagancia, el absurdo y la insensatez y multiplica al homo insipiens”, dijo Giovanni Sartori en Homo videns. Esta frase ilustra sólo en parte el fenómeno mediático llamado Donald Trump; otra vertiente son los grandes dividendos que los productos de alto rating generan a las cadenas televisivas de Estados Unidos.
Las encuestas de opinión lo tienen por el momento a la cabeza en un electorado volátil, donde un discurso anti inmigrante vacío en contenido pero propagandísticamente efectivo, ha permeado en los núcleos más radicales. Su locuacidad y proclividad a la confrontación, lo han convertido en un hombre espectáculo, que ha logrado los servicios de noticias de las principales cadenas de televisión en Estados Unidos logren sus mayores niveles de audiencia en meses, lo cual es muy significativo si se toma en cuenta que el proceso electoral en la Unión Americana apenas está en su etapa inicial.
Gigantes de la pantalla como BNC, CBS, CNN y Fox, buscan entrevistarlo a como dé lugar, no tanto por lo que pueda proponer al electorado estadounidense, sino porque tienen asegurado un buen rating, Y Trump, con su experiencia como presentador de televisión y conocedor del medio, les sigue el juego y protagoniza su propio reality show, en busca de la presidencia de Estados Unidos.
David Bohrman, consultor y ex jefe de buró en CNN está consciente de las limitaciones de Trump como político, pero también de su poder de convocatoria en televisión y por ello considera que no es un error cubrir las actividades del magnate, como lo han señalado algunos colegas de prensa escrita como Danny Shea, director editorial de The Huffington Post. Según Bohrman, en un momento en que la televisión de Estados Unidos no ofrece muchas cosas interesantes, posicionar a Trump es un acierto. “Es el reality de la temporada”.
El periodista mexicano Jorge Ramos, conductor estelar de la cadena hispana Univisión, al igual que sus compañeros de las cadenas estadounidenses, está consciente de la pobreza discursiva de Donald Trump, pero también de su tendencia a la provocación y su poder para convertirse en noticia y decidió jugársela. Tan proclive al protagonismo como el precandidato republicano, Ramos se presentó a una conferencia de prensa que el controvertido personaje ofreció en Iowa, para hacerle algunas preguntas, toda vez que se ha negado a ser entrevistado.
En una conferencia, donde sólo uno o dos reporteros levantaban sus manos para preguntar y el resto parecían simples espectadores, Ramos se apostó de pie frente a Trump para tratar de increparlo sobre sus planes anti inmigrantes y ocurrió lo previsto: no hay cabida en el mismo sitio para dos personajes que buscan destacar y Trump mandó sacar al presentador con sus escoltas, pero poco después se le permitió regresar, realizar sus preguntas y enfrascarse en un duelo verbal.
Sin embargo, el incidente se convirtió en tendencia en redes sociales en los principales medios de México, al quedar Jorge Ramos como víctima de la intolerancia de Trump; este miércoles, Reforma, El Universal y La Jornada colocaron el tema en primera plana, éste último le dedicó su foto de portada y su columnista estelar, Julio Hernández López se ocupó del asunto. No ocurrió lo mismo en las primeras planas prensa estadounidense, donde en ninguno de los principales rotativos figuró el suceso.
La noche del martes, en su noticiero de televisión Ramos se dijo preocupado de que Trump inhiba la libertad de expresión y apunta que si eso le hizo a él que es periodista y un mexicano con una situación regular en Estados Unidos, qué les espera a los migrantes sin documentos. El conductor estrella de Univisión y recientemente nombrado como el periodista latino más influyente en EU por la revista Time, sabía muy bien a lo que se enfrentaría: su intención no era hacerle preguntas a Trump sino ser parte de su reality show y lograr notoriedad, Y al menos en México, lo consiguió.
