miércoles 24 abril 2024

El retorno de los tontons macoutes

por Pedro Arturo Aguirre

Todas las desgracias imaginables le han pasado a Haití durante su turbulenta historia: atroces dictaduras, huracanes, terremotos, magnicidios, epidemias, violencia infinita. “Infierno se escribe con H de Haití” escribió, atinadamente, una reportera española. Las tragedias sociales y políticas no han hecho más que recrudecerse durante los últimos tiempos en este malhadado país. Ahora la inestabilidad llega a niveles insostenibles con la dimisión del primer ministro, Ariel Henry. Los tiroteos y los actos incendiarios han convertido el país más empobrecido de América en un hervidero. Este nuevo apocalipsis comenzó el 29 de febrero, cuando las pandillas lideradas por Jimmy Chérizier “el Barbacoa”, convertido en el rostro actual del caos haitiano, liberaron a casi cuatro mil reos de las principales cárceles del país y desencadenaron una oleada de bloqueos a carreteras, comisarías y edificios administrativos. Ahora amenazan con desencadenar una guerra civil. Todo esto sucede mientras unas 362 mil personas se encuentran desplazadas dentro del territorio haitiano mientras los problemas de salud alcanzan cifras récord. El fantasma del cólera ha reaparecido. La ONU contabilizó casi 72 mil casos en 2023, la cual convierte al país en el más afectado del continente. Además, Haití lleva dos años situado entre los 10 países con mayor incidencia de hambre: 4.9 millones de sus habitantes sufren inseguridad alimentaria aguda. ¿Falta algo?

Desde el asesinato del expresidente Jovenel Moïse (2021) Haití se ha visto azotado por oleadas de disturbios y por el ascenso de las pandillas. Haití carece de representantes electos debido a la continua postergación de las elecciones nacionales, lo cual facilita el control de las bandas criminales sobre el país. La máxima autoridad era el recientemente renunciado primer ministro, pero ahora para muchos haitianos la única esperanza es una Incierta intervención extranjera Las pandillas tienen su antecedente en los tontons macoutes, creación de Papá Doc, uno de los tiranos más infames de la historia. Los tontons macoutes eran su guardia personal, una especie de “policía esotérica”, cuyo nombre proviene de un viejo cuento popular haitiano el cual cuenta la historia de una especie de “coco” (el tonton, “tío”) que amenaza a los niños traviesos con meterlos dentro de su macoute (saco). Y “esotérica”, porque Papa Doc inició un extendido culto a la personalidad cuya característica de tener evidentes elementos enigmáticos originales. “El hombre habla, pero no actúa. Dios actúa, pero no habla. Ergo, Duvalier es un Dios”, era el singular silogismo que se convirtió en la consigna oficial del duvalierismo. Papá Doc urdió a su alrededor una terrible leyenda mágica gracias a su conocimiento del vudú, el cual nadie se atrevió a cuestionar y que permitió que la dictadura de imperar a sus anchas en Haití durante décadas. El presidente se declaró la encarnación del temible Barón Samedi, el dios de la muerte del panteón vudú, que recorre de noche de los cementerios siempre vestido de negro riguroso y de sombrero de fieltro, como el mismo Papá Doc se vestía siempre, y que saludaba con un tonito maliocioso a toda la gente con la que se topaba “Tengan ustedes un día maravilooooooso” (have a beauuuuuuutiful day, ¿Recuerda el lector aquella película de James Bond, “Live and Let Die”?). 

El presidente celebraba cotidianamente ceremonias vudú en el Palacio de Gobierno, muchos de ellos ritos nocturnos con los cadáveres de sus enemigos. Todo lo que ayudase a propalar los presuntos poderes mágicos del dictador era patrocinado con fruición por el gobierno. Se decía que era capaz de resucitar a los muertos. Adquirió el mandatario al hablar un poderoso tono nasal, peculiaridad de los Loa o “divinidades” en el culto vudú. Se autoproclamó elegido de Cristo e incluso hubo una versión duvalierista del “padre nuestro”. Papá Doc odiaba todo lo que podía recordar la cultura occidental. Después de proclamarse presidente vitalicio, prohibió las actividades comerciales a norteamericanos, franceses e ingleses, y proscribió a sus compatriotas cualquier tipo de actividad política. Llegó a proclamar que los asesinatos de Kennedy y Trujillo, ambos non gratos al déspota haitiano, habían sido consecuencia de maldiciones suyas. Desde luego, tanta vesania hundió económica, social y culturalmente al, de por sí, desventurado Haití.

La crueldad de Papá Doc se hizo legendaria. Supervisaba personalmente la ejecución de sus adversarios políticos, cuyas cabezas coleccionaba. También solía presenciar las sesiones de torturas. Ordenó que los niños en edad escolar asistieran a fusilamientos como parte indispensable de su formación cívica. En la novela de Graham Green “Los Comediantes” (llevada al cine con Richard Burton y Elizabeth Taylor) se narran estas experiencias. Los tonton macoutes eran los principales responsables en la labor de aterrorizar a la afligida población. Violaban, mataban y robaban con el nada despreciable aliciente adicional de que, para no cargar al desvencijado erario público, Papa Doc decretó no pagarles sueldo fijo a cambio de otorgarles inmunidad para cobrarse a destajo con los ciudadanos. 

Las pandillas actuales son parte la tradición inaugurada por los tonton macoutes. Aunque tras la caída de la dictadura esta tenebrosa organización fue disuelta, la realidad es que se trató de un “reciclaje”. Muchos de sus integrantes se incorporaron o formaron otras bandas más pequeñas, pero siempre muy activas, para ponerse a las órdenes de nuevos grupos delincuenciales y/o políticos. El fenómeno actual no es nada nuevo, aunque sí asombra la cantidad de grupos y su poder de fuego. La mayoría de estas organizaciones operan independientes de cualquier mando externo, financiándose del amplio abanico criminal su disposición: contrabando, droga, trata de personas, secuestros y hasta las peleas de gallos. Jimmy Chérizier, apodado “Barbacoa” por su costumbre de inmolar a sus víctimas, tuvoi la “virtud” de haber unificado a la mayoría de las bandas en una especie de “confederación del terror” y ahora se ha convertido en el hombre fuerte del país. Se vislumbra en los sempiternos tristes tiempos haitianos la aparición de un nuevo, aunque no tan “esotérico”, Papá Doc.  

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